lunes, 14 de abril de 2014

Papas del fondo de la olla

"Cuentas pendientes". Se acabaron los militares y hay que ir por los civiles.

Papas del fondo de la ollaescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
“Con un sexo breve y lánguido
el cristinismo nos viola a todos”
J.A.

1.- Nostalgias de Reposo

“Con Reposo esto no pasaba”, confirma la Garganta. “Pasó con Gils Carbó”.
Es el turno egregio de encanar civiles. Derivaciones involuntarias del escándalo de Amado Boudou, El Descuidista, el error fundacional de La Doctora. Por haberse cargado, en un arrebato oral minuciosamente calculado, al jefe de los fiscales, el Procurador Esteban Righi, El Bebe. Otoño de 2012.
Para favorecer a El Descuidista se le buscó un rápido reemplazante al Bebe Righi. Fue el doctor Daniel Reposo.
Pero por su misericordiosa incompetencia el pobre fue triturado con facilidad. Los senadores opositores se hicieron con Reposo un picnic estudiantil.
Al desvanecerse la propuesta de Reposo, emergió la propuesta de Alejandra Gils Carbó, La Otoñal de Faldas Inquietantes.
La dama arrastraba cierta competencia intelectual y era portadora de elogios unánimes. Hasta, incluso, del cronista.
Justamente Gils Carbó, tres años atrás, confesaba ser perseguida. Por Righi, quien la acosaba -decía- por instrucción de Néstor Kirchner, El Furia, y por Héctor Magnetto, El Beto.
Ocurría que Gils Carbó, en un dictamen histórico, había osado pronunciarse, de manera desfavorable, hacia la venta de una empresa. Cablevisión. Intereses del Grupo Clarín. Tiempos sublimes en que El Furia y El Beto eran como Hansel y Gretel. Paseaban por el prado y se distribuían la influencia.
Papas del fondo de la ollaPero la dinámica se modifica. Ahora, al nominarse a Gils Carbó como jefa de los fiscales, El Furia había (irresponsablemente) muerto. Después de iniciarse el divorcio litigioso con El Grupo Clarín, de repente el nuevo enemigo. Por lo tanto era bienvenida la obsesión antiClarín de La Otoñal Inquietante, que compartía la heredera. La llamábamos entonces La Elegida. Luego fue Nuestra César. Hoy es La Doctora.
“Con Reposo, sin embargo, hubiéramos estado mucho mejor”, confirma la Garganta.
No se hubieran registrado las polvorientas alteraciones. Como las que transcurren en el ámbito sobrio de la Justicia. La Legítima.
Como si la Justicia anterior a la irrupción de Gils Carbó hubiera sido, apenas, una Justicia Trucha.

2.- Verbitsky, Milani y el “doble estándar”

Trasciende que La Doctora, según nuestras fuentes, aún no lo perdona a Horacio Verbitsky. Es el titular del CELS, o sea El Ganges (ver “Milani y la purificación del Ganges”, cliquear), y Líder del Movimiento Todos por Horacio. No le perdona su cambio de orientación con respecto al Teniente General César Milani, El Irresistible Seductor de Sexagenarias. Jefe del Estado Mayor del Ejército (leer “El Factor Milani”, cliquear).
Aparte Milani maneja la Marina y la Aviación. Como si estas fuerzas fueran meras dependencias complementarias del Ejército. Y hoy hace dibujitos animados con las jactancias del Estado Mayor Conjunto.
“Revisamos los casos donde aparece Milani como acusado y no hay nada”, confirma la Garganta. “No hay de dónde agarrarse para culparlo”.
El problema es que, por evidencias mucho menores de las que se le atribuyen a Milani, abundan cientos de presos militares. Portadores del mismo cuento. La “responsabilidad objetiva de saber”.
“A los 21 años Milani no podía tener ningún asistente como Ledo”, prosigue Garganta.
Papas del fondo de la ollaLa Doctora suele ser crítica del “doble estándar de las potencias”. Lo reprocha a los desarrollados, por la confusión planteada entre nuestras Malvinas y Crimea. Dobles interpretaciones para el mismo hecho.
Si pese al tenor de las acusaciones, afirman que Milani “está limpio”, para ser coherentes deberían dictarse, de inmediato, cientos de liberaciones.
De sexagenarios que se agobian en Marcos Paz, en Ezeiza o Campo de Mayo.
De octogenarios que aguardan la partida final en sus domicilios, mientras se consolida el resentimiento divisorio de la descendencia.
Lo que ocurre, en este doble estándar, es que quien cambió fue La Doctora. En su interpretación relativa a los militares. Terminó de convencerse que los militares aún pueden ser útiles para algo. Fue, según nuestras fuentes, durante los efectos de las inundaciones en La Plata. Tragedia que admite diferencias macabras en materia de contabilidad de muertos.
Junto a su vocera principal, la señora Hebe de Bonafini, La Doctora se impresionó favorablemente por la labor desplegada, en el territorio, por los representantes del Ejército y la Marina. En las tareas de ayuda a las víctimas. Origen de los Operativos Dorrego de entrecasa. Simulacros que se realizan, en la actualidad, con el pretexto de “urbanizar”. Entre exponentes del Ejército, de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora, y de las Madres de la Plaza, la poderosa constructora quebrantada. A las Madres ya dejó de abrazarlas sólo “el pueblo”, como consigna la clásica consigna. Hoy quien las abraza es Milani. El Irresistible Seductor hasta se deja entrevistar por Hebe, La Comandanta.
Papas del fondo de la ollaAparte de la diferencia por Milani, al temible Verbitsky se le suma el desaire por la víctima favorita de su literatura. El Cardenal Jorge Bergoglio.
El jesuita investigado en varios de sus tomos se transformó, de pronto, en el bueno del Papa Francisco. Inquilino de la nueva Puerta de Hierro, El Vaticano. Es quien le regala dulces escarpines a La Doctora, para el nietito, y de paso para que simbólicamente no jorobe con el asunto del aborto.
Francisco la invitó a almorzar a La Doctora dos veces en un año. Demasiado para un Papa que le concede estrictos 50 minutos a Obama, El Keniano que para colmo lo admira. Y apenas 45 a la reina de Inglaterra, y 30 a Francois Hollande, El Motociclista. Pero se queda dos horas y media para atender las tribulaciones geopolíticas de La Doctora, hoy ya casi una dama piadosa de confesión diaria. A la que espiritualmente sostiene.

3.- El caramelo de madera de los civiles

Pero el distanciamiento de La Doctora con Verbitsky de ningún modo puede concluir en ruptura. Y menos en enfrentamiento.
A Verbitsky, en el cristinismo, se le teme demasiado, según nuestras fuentes, como para romper. Conserva una invalorable capacidad de maniobra, y en cualquier momento arma un gravitante batifondo internacional, desde Nueva York, Washington o Ginebra. Con la redituable temática de los derechos humanos, que resulta fundamental para conservar, en medio del ajuste feroz, el apoyo romántico de los humanistas. De todos los que aún creen participar de la revolución (imaginaria). Los que prefieren creer que Jaime, El Señor de Los Subsidios, o Lázaro, El Resucitado, con sus bolsones míticos, son sapos digeribles que deben, de un saque, comerse. O invenciones de los conspiradores que se escudan en el periodismo artesanal.
Papas del fondo de la ollaPara mantenerlo a Verbitsky adentro de la bolsa -y sobre todo para que se entretenga-, se le concede, según nuestras fuentes, el caramelo de madera de perseguir a los “cómplices económicos de la dictadura militar”. Un concepto que ya “cae en desuso”, porque se le debe agregar, a la dictadura, el carácter “civil, empresarial y eclesiástico”.
“Empresarios que son procesados penalmente por contribuir a desaparecer a sus operarios, víctimas que demandan a los bancos que financiaron a la dictadura, reclamos económicos en el fuero laboral por detenciones en el lugar de trabajo que se convierten en desapariciones y son declarados imprescriptibles, sentencias que instruyen investigar la complicidad editorial de diarios”…
Con estos grupos quedan “cuentas pendientes”. Como se titula su último libro, que firma también Juan Pablo Bohoslavsky (editó Siglo Veintiuno). Para ilustrarlo recurrieron a Recalde Padre, el ex moyanista, con la idea superadora de conformar una Comisión Investigadora en el parlamento.
Es comprensible, si ya se acabaron prácticamente los militares para apresar. Los más emblemáticos se mueren. Y en el puchero de la reparación sólo quedan algunas papas que flotan en el fondo de la olla.
Papas civiles a las que se debe previamente iluminar. Aunque si hay tiempo, si el cristinismo no cesa, corresponde ir también precipitadamente por alguna moneda reparadora. En coincidencia con la acción programada de la justicia, a través de la comprobada eficacia de los “fiscales ad hoc”. Los que fueron designados por Gils Carbó, y de ninguna manera deben ser tratados como “fiscales truchos”.
“¿Te das cuenta por qué en el fondo era mejor Reposo? ¿Entendés mi nostalgia?”, insiste la Garganta.
Papas del fondo de la ollaLa impostura de la Justicia Legítima se dispone a inaugurar la nueva temporada de encarcelaciones. De ser posible arranca el próximo 24 de abril, con el escritor y periodista Vicente Massot, El Dandy Reac, actual director de Nueva Provincia. Por dos muertes de trabajadores de la empresa, acaecidas en Bahía Blanca, en junio de 1976. Cuando el “imputado”, El Dandy Reac, estaba de corresponsal en Buenos Aires, sin cargo en la empresa, con 23 años y el pecado imperdonable de ser “de derecha”. Nacionalista católico para colmo.
En la sala de espera se encuentra también Don Blaquier, un Navajas Artaza, y siempre Magnetto (ampliaremos).
Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com
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viernes, 11 de abril de 2014

El resurgimiento de Moyano

El Charol vuelve. Ante la impotencia de La Doctora y sin apoyos del peronismo político.

El resurgimiento de Moyanoescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
La Doctora -como la oposición complementaria- debiera registrar que se asiste al resurgimiento de Hugo Moyano, El Charol.
El encanto de la negritud vuelve a situarse en el primer plano. Moyano se recupera después de dos años. Para ser precisos, desde que La Doctora cometiera el error medular de desairarlo. De instalar la distancia que Néstor Kirchner, El Furia, nunca se hubiera atrevido a clavar, aunque fuera, en el fondo, su deseo íntimo. Pero las mujeres siempre suelen ir más al frente.
Aquí se refirió que El Furia, antes de pactar con Moyano -y de entregarle mucho más de lo que le pidiera- ordenó un abordaje informativo y judicial. Para estudiar por dónde entrarle. Si por suma de irregularidades administrativas, las vulnerabilidades de crecimiento patrimonial, o a través de las siniestras indagaciones que pudieran salpicarlo. Por su actividad política y gremial, durante los setenta, entre las violencias de Mar del Plata. Con la totalidad del material en su poder El Furia evaluó que lo más conveniente era tenerlo adentro a Moyano, en su bolsa, para asegurarse el acompañamiento del obrerismo quieto y garantizarse el control de la calle.
Alguna evaluación casi similar lo llevó a aliarse, también, con Héctor Magnetto. Sin hacerle caso a la recomendación de Moneta, con el que se comunicaba pero sin que apareciera.
“Termine con Clarín”, sentenció Moneta. “Tendrá que aguantarse 50 portadas incómodas. Pero no tienen más”.
El resurgimiento de MoyanoFue la confluencia de los tres pilares. Manejo del estado, Kirchner. Complacencia en la comunicación, Magnetto. Apoyo sindical, Moyano.
El trípode de poder facilitó que Kirchner impusiera su hegemonía, durante su mandato presidencial. Ciclo (2003-2007) que debiera estudiarse académicamente, como ejemplo de la construcción de poder.
Con Kirchner en vida (pero ya sin ser el presidente) se registró el tratado conflicto con Magnetto y el Grupo Clarín. Ver “Guerra de Convalecientes”, cliquear.
Aquí Moyano también lo acompañó. Fue el inspirador del cartelito “Clarín Miente”.
A partir de la muerte (irresponsable) de Kirchner se produce la distancia con “el indeseable” Moyano.
Como si La Doctora cumpliera con la instrucción póstuma de El Furia. Si nos inducen a buscar una fecha emblemática, fue el 27 de abril de 2012. Cuando La Doctora percibió que podía colmar el estadio de Vélez sin ayuda del sindicalismo, ni del “aparato justicialista”, y relegar sin inconvenientes a los “gobernadores atragantados” (cliquear), hacia un espacio subalterno.
El resurgimiento de MoyanoEs el turno de los buscavidas de Unidos y Organizados y de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora. La gestación de la fuerza de incondicionales absolutos, que le permitiera mantener a La Doctora el perfil preferido. Sin imágenes deprimentes. Y aplicar la sentencia movilizadora de “ir por todo”. Hasta desgajarse y paulatinamente reducirse, en una política de circuito cerrado. Hundida entre sus incondicionales, los aplaudidores del elenco estable.
Sin el apoyo del trípode, era una cuestión de tiempo. El cristinismo ya era una causa perdida (Ver “Nuestra César contra El Charol, cliquear).
Pero La Doctora no acepta que fue precisamente con Magnetto y Moyano que Kirchner conquistó la hegemonía. Por lo tanto le costará también admitir las claves de su caída.
Creer que podía suplir los servicios que le resolvía Moyano con los buscas incondicionales de Unidos y Organizados, y con la docilidad de los gremialistas deslegitimados como Caló o Yaski, es tan idiota como creer que podía suplirse el servicio inicial del Grupo Clarín con el amontonamiento de sellos de prensa y de canales del Grupo 23, o del diversificado Cristobalito.

Relatividad de las encuestas

El resurgimiento de MoyanoEn adelante, con las constatación de la fortaleza de Moyano y lo que representa, correspondería relativizar el dictado de las encuestas, que signan la placidez de los comportamientos.
El gobierno se inspiró en la hipocresía de aferrarse a la imagen negativa de Luis Barrionuevo, Harry. E identificar la movida sindical que no entendían con su figura. Un gran acierto de Moyano consistió en perforar la negatividad que le marcan las encuestas, para imponerse con su legitimidad, con “el encanto de la negritud”, y acompañado del izquierdismo adaptable de Pablo Micheli y sobre todo del mismo Barrionuevo, con quien nunca Moyano dejó de comunicarse, sin necesidad de hablar siquiera por teléfono. Abundaban, por doquier, los canales. Como persisten en la actualidad los diálogos con los pocos suicidas que se encuentran transitoriamente enredados con Caló.
Aparte, Barrionuevo es el portador de una indiscutible popularidad que espanta, pero que asimismo atrae. Induce a la hipocresía del sensible que supuestamente se disgusta con sus sentencias, pero lo escucha con secreta admiración. Mientras tanto se repiten las imposturas que le produjeron la fama de filósofo de arrabal.
Barrionuevo es otro ganador por su coherencia. Siempre estuvo enfrentado al cristinismo y conserva la suficiente inteligencia como para cederle el liderazgo a Moyano. Al que tanto supo gastar cuando La Doctora lo expulsó del palacio.
El resurgimiento de Moyano“Estamos tristes, La Patrona ya no se pone más el gorrito de Camioneros”, le decía Barrionuevo, por teléfono, a uno de los tantos canales. Un gordo, que adelgazó admirablemente.

Los postulantes tibios

El tercer mensaje del 10 de abril es para los referentes tibios que aspiren a colocarse la banda en 2015.
También pueden situarse entre los perdedores de una jornada que no supieron evaluar. Anticipos de los escenarios que tendrán que enfrentar en caso de tener éxito, y suceder a La Doctora.
En los radicales vaya y pase. Pueden alegar una suerte de obstáculo tradicionalmente cultural. Una imposibilidad para captar la dinámica del movimiento obrero, mayoritariamente peronista.
En cuanto a “Sergio, Daniel y Mauricio” (cliquear), los tres integrantes de la miniserie, es perdonable el error de Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol. Porque, aunque es un buen amigo de Moyano, se encuentra aferrado a la estrategia improvisada de La Doctora que no acierta.
En su impotencia, La Doctora instruyó a los incendiarios para que se incineraran. El caso más grotesco es el de un peronista en la pendiente como Capitanich, El Premier (cliquear). Costará facilitarle, al Montenegrino Denso, el retorno desde el ridículo (aunque en el peronismo siempre se puede).
O de otro “compañero” como Randazzo, El Loco, que se deslizó por los mismos lugares comunes.
Como Kunkel, El Lindo Julián (Domínguez), o el inexplicable Pérsico, “compañeros” que rifaron sus trayectorias al pronunciarse contra “el chantaje” y la “extorsión” de esta huelga. Para deslizarse en la gilada autoritaria de sostener que el “paro es político”. Como si algún paro, de los tantos en que participaron, no lo hubiera sido.
El resurgimiento de Moyano“A veces una huelga/les arruina el alma”, dice un poema de Mario Benedetti. Con el “alma arruinada”, el cristinismo verbal ayer hizo el ridículo. Pero también Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, y Sergio Massa, Aire y Sol II, se desgastaron en intrascendencias, como consumidores de encuestas que muestran también su desconcierto ante el confirmado renacer del sindicalismo, sin el menor apoyo del peronismo político. Con la inalterable capacidad de paralización, y sin necesitar, siquiera, de las enternecedoras inocencias de la izquierda tan combativa como adolescente. La que prefiere sobreactuar, incluso, hasta su alborotado crecimiento.
Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com
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miércoles, 9 de abril de 2014

El mito bacheletiano

SERGIO, MAURICIO Y DANIEL (2da. Época): El conflicto unilateral de La Doctora con Scioli.

El mito bacheletianoescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
Por más que se esfuerce en méritos, Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol, debe saber que los cristinistas empecinados (que juegan con el poder a fondo) nunca lo van a aceptar como sucesor. Aunque apoyarlo hoy sea la opción más recomendable.
Se percibe cierto atisbo de injusticia en el rechazo. Sienten que Scioli no les pertenece.
Pero es la noción de la pertenencia lo que hace que Scioli, paradójicamente, pese a sus diferencias permanezca “en el espacio”.
Tiene el derecho legítimamente adquirido de ser accionista fundamental del kirchnerismo en declinación, que para colmo lo desprecia.
Consta que Scioli, con su Aire y su Sol, estuvo los once años y les juntó votos. Fue electo vicepresidente de Néstor Kirchner, El Furia, en 2003, y votado para gobernador de la provincia (inviable) en 2007, junto a Balestrini, y 2011, junto a Mariotto, El Calabró de Llavallol. Aparte participó activamente de las catástrofes. Por ejemplo no se perdió ninguna de las sobreactuaciones grotescas y multitudinarias derivadas del enfrentamiento “con el campo”. Y hasta se incineró con El Furia, en la aventura atroz de las candidaturas “testimoniales” de 2009. Cuando ambos fueron vencidos por el supermercadista Francisco de Narváez, repentinamente transformado en El Caudillo Popular.
Fueron demasiados aportes y presencias las de Scioli, para que ahora pretendan desprenderse de su sonrisa optimista. Como si fuera una mucama deficiente y cara, que no terminó de aprehender los hábitos de la casa.
El mito bacheletianoLa Doctora y sus esmeriladores parten de una certeza bastante atendible. La de creer que si Scioli se desprende de ellos “ya no tiene adónde ir”. De manera que debe aguantar lo que sea para quedarse.
Es tarde para arreglar con Sergio Massa, Aire y Sol II. Y lograr el acercamiento romántico que reclama Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas). En nombre de la unidad del peronismo imaginario, hoy en situación de vegetal.
Pero también es tarde, sobre todo, para que Scioli intente armar algo parecido a la “fuerza propia”. Es decir, que no sea compuesta sólo por sus funcionarios.
Significa confirmar que Scioli hoy es el candidato más potable para ser apoyado por la mayoría de los gobernadores justicialistas que se encolumnan, sin gran convicción, con La Doctora.
Si golpea el puño sobre la mesa y dice ¡basta!, si se emancipa de La Doctora -como pide la tribuna- Scioli vale menos que aferrado a ella.
El mito bacheletianoHasta los “gobernadores atragantados” (cliquear) del PJ Vegetal, los que hoy lo valoran a Scioli con simpatía, aguardan la señal de La Doctora, para avanzar en mayor definición.

Conflicto unilateral

Extraño conflicto unilateral. La Doctora se obstina en hostigarlo a Scioli mientras Scioli se obstina en que La Doctora lo acepte.
Ella lo esmerila a través de los cristinistas mientras él procura aprobación en la diferencia. Y simula normalidad. Ausencia de conflicto, aunque esté tan visible como latente. Ante el desborde contenido de los normales de verdad, que contemplan, desde la tribuna, el espectáculo del esmerilamiento. Y le pierden el respeto al gobernador. Como si necesitaran emocionalmente que Scioli dé el golpe en la mesa con el puño, y diga “por qué no se van a la…”.
Perfecto, pero después del desahogo, en todo caso, ¿qué hacer? ¿Cómo sigue la historia?
Para entender las claves del Milagro-Scioli hay que coincidir en que Scioli sólo puede hacer exactamente lo que hace. Hasta ahora, tan mal no le fue.

Temperamentales

El mito bacheletianoEl estado de esmeril permanente se convierte en la antesala permanente del estallido que nunca ocurre.
La tribuna aguarda la reacción temperamental de Scioli. Aunque la rutina del esmeril sólo puede soportarse por la capacidad de aguante, que es el rasgo primordial de su temperamento.
Por los atributos semejantes Aire y Sol I llegó hasta aquí. A través de la ideología del vitalismo y el positivismo de la comunicación. Con “fe y esperanza y siempre para adelante”. Y se dispone a participar de la discusión final. Junto a los dos protagonistas que hegemonizan la miniserie. Sergio y Mauricio.
Por último, Daniel descuenta que los cristinistas lo provocan para estimular su reacción, pero sólo para castigarlo después con una virulencia superior, por el hecho de haber reaccionado. O haberse diferenciado, con cualquier fotografía. O con un planteo previsible sobre Seguridad. Ya ensayado por Ruckauf. Incluso, con Felipe Solá.
Aunque La Doctora, hasta el cierre del despacho, no encuentre otro postulante superior para disputar por la herencia envenenada. Alguien mejor preparado para defender, en campaña, “los trapos del kirchner-cristinismo”. La certificación de la derrota anunciada.
Lo que también debe saber Scioli, a esta altura, es que contar hoy con la aprobación oficial representa la garantía para salir tercero cómodo. Pero el hombre apuesta por los milagros de la fe.

Urribarri compra llave en mano

Mientras se dilata la definición del conflicto unilateral, La Doctora facilita que se le brinde un poco de rodaje a Sergio Urribarri, El Padre del Marcador de Punta.
Pero Urribarri arrancó mal, por la mala suerte de la cosechadora. Por el quebranto del improvisado fabricante de maquinarias truchas. Derivó en el último papelón de La Doctora. Confiada en los inventos de Moreno, la pobre se subió a la cosechadora para promover los avances de la nueva industria argentina, paradigma del modelo desarrollista de inclusión.
El mito bacheletianoSin embargo es injusto facturarle a Urribarri el costo del papelón.
Para conseguirse el apoyo del cristinismo declinante, el abnegado Urribarri decide comprar el paquete entero del kirchnerismo, llave en mano.
Se desplaza hacia Santa Cruz, y hasta visita el diario de Lázaro, El Resucitado, que viene incluido en el paquete (y también se enfrenta al destino lúgubre del fabricante de cosechadoras).
Entusiasmado con la ciega compra “llave en mano”, Urribarri se compromete a mantener, en sus empleos, a los mismos ministros irrelevantes y secretarios de estado que hoy se destacan como vibrantes aplaudidores, complementarios decorativos de “los pibes para la Liberación”.
Pero Urribarri no es el problema de Scioli. Tampoco lo es Sergio y mucho menos lo es Mauricio.
El problema principal Scioli lo conserva con La Doctora, que se clausura en su rencor unilateral. Con la fantasía estratégica de cumplir el mito bacheletiano.

Final con Bachelet

El mito bacheletianoEntonces continua activa la línea medular que baja La Doctora. Fue descripta en “El Enemigo, El Sucesor y el Esmerilado”, cliquear.
El objetivo consiste en detener, como sea, el avance de Sergio, El Enemigo.
Y si quien llega hasta el final es Daniel, El Esmerilado, que se desangre hasta la llegada como portador de una contradictoria fragilidad.
Para que El Sucesor sea, preferiblemente, Mauricio.
Brinda Mauricio un perfil adecuado. Como próximo adversario deseable. Más conveniente que Hermes Binner, El John Wayne de El Hombre Quieto, que le disputa la franja presentable de la izquierda.
De lo que se trata es de apostar por la ceremonia del regreso. Como el regreso triunfal de Michelle Bachelet, en Chile.
Para que se cumpla con el mito bacheletiano, La Doctora necesita de un Piñera que se sitúe a su derecha, que recomponga el desastre de la economía y que admita el floreo cómodo de una oposición de izquierda. Es Macri quien se parece más a la estampa de ese ideal.
El mito bacheletianoPero no hay que confundirse. Si La Doctora lo prefiere a Macri, como Sucesor, es para que se encargue del ajuste real y masacrarlo después, desde la oposición.
De lo que se trata, también, para cumplir con la epopeya del mito bacheletiano, es de evitar otros encierros. Otras clausuras. Tema de próximas entregas.
Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com
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lunes, 7 de abril de 2014

Los sobornos falsos

Después de 14 años absuelven al ex presidente Fernando De la Rúa, a Flamarique y de Santibañez, y a los senadores políticamente congelados.

Los sobornos falsossobre informe de Consultora Oximoron
Redacción Final Carolina Mantegari
especial para JorgeAsísDigital
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“… los hechos motivo de acusación, cuya trascendencia y difusión afectó gravemente la credibilidad acerca del sano funcionamiento de las instituciones de la República y la honra de sus funcionarios, y que por el modo en que fueron presentados -de manera irresponsable, por actores de la época- llegaron a constituirse en una verdad revelada e incontrastable, no han encontrado una mínima corroboración…”
Sentencia del Tribunal Oral Federal N°3
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Introducción
La industria del arrepentimiento

“Pontaquarto hizo del arrepentimiento una pyme”.
Síntesis brillante del senador Héctor Maya, mandato cumplido.
El suyo fue uno de los testimonios más desopilantes de la Causa 857/07, caratulada como “Cantarero y otros s/cohecho”.
Es el caso de los sobornos (falsos) en el Senado de la Nación.
Produjo la renuncia del vicepresidente Carlos Álvarez, y profundizó el fracaso -que se anunciaba- del gobierno de Fernando De la Rúa.
Por los cinco millones de pesos-dólares. Pagados, imaginariamente, para aprobar la Ley de Reforma Laboral.
Un texto “lavado” que -para Oberdán Rocamora- no valía ni cinco mil. Ver “La puerta del infierno”, cliquear.
Pasada la turbulencia del escándalo -nuestro insumo cultural- emerge el turno grave de la indiferencia, aún más escandalosa.
Osiris Alonso D’Amomio
Director – Consultora Oximoron
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El TOF 3

Nadie quiere tomar en serio la magnitud de la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 3, que integran los inobjetables juristas Miguel Guillermo Pons, Guillermo Andrés Gordo y Fernando Ramón Ramírez.
El TOF 3 que el 23 de diciembre de 2013, después de un año y medio de apabullante oralidad, y de casi 250 testimonios, decidió absolver “de culpa y cargo” a Mario Alberto Flamarique, Ricardo Alberto Branda, Fernando De la Rúa, Fernando Jorge de Santibañez, Augusto José María Alasino, Alberto Máximo Tell, Remo José Constanzo y Mario Luis Pontaquarto.
Y “sin costas”. Se imponen -las “costas”- a la Oficina Anticorrupción. Al Gorro Frigio. Caja boba del Estado.
Los sobornos falsosDesfile de testigos notables. Políticos trascendentes de primer nivel y periodistas formadores de opinión.
Algunos afirmaron tener la certeza que los hechos de corrupción habían existido. Por inferencias, versiones, murmullos. Ficciones conjeturales que carecieron de la menor fundamentación.
Significa confirmar que no pudieron demostrarse los delitos, basados en datos inconvincentes.
Fueron “hechos”, por lo tanto, que nunca ocurrieron.
El lenguaje suficiente para masacrar en los medios a cualquier individuo, resulta insuficiente para masacrarlo en un tribunal.
Más que conceptos, rumores, impresiones o adjetivos, lo que hace falta son pruebas.

Insumo cultural del escándalo

En la cultura argentina, el insumo del escándalo suele ser tan necesario como el insumo de la soja, para la economía.
El escándalo, aquí, es un commodity cultural. Es sólo atemperado por un escándalo superador. Y así sucesivamente.
El inconveniente es cuando la pólvora, intensamente transitoria, accede a los tiempos de la justicia, que mantiene su propio ritmo.
El culebrón de las “coimas en el Senado de la Nación” mantuvo sus momentos elevados de furor institucional.
Primero, por la oportuna genialidad de Hugo Moyano, El Charol, que resistía la aprobación de la Ley, y aludió al recurso persuasorio de “la Banelco”.
Aunque cueste imaginar el pago innovador de coimas a través de la tarjeta de crédito.
Después, por la inspiración literaria de un texto anónimo, leído por el vicepresidente Álvarez en una reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria. Fue poco antes de producir el “gesto ético” del 6 de octubre de 2000. Consistió en renunciar inútilmente a la Vicepresidencia de la Nación, en una conmovedora ceremonia del hotel Castelar (y en uno de los éxtasis más estremecedores del “alpedismo político”).
Los sobornos falsosPero como “convivía con la contradicción” -según su propio testimonio- Álvarez atendía el proyecto de volver al gobierno. Cuando el “gesto ético” se apaciguara. En tándem con Domingo Cavallo, el creador de la Convertibilidad que emergía como el ministro providencial de la economía, y que volvía para salvarla, con Álvarez como Jefe de Gabinete, o Premier (ampliaremos, sólo si viene al caso, con el patético diálogo entre De la Rúa y Álvarez, registrado en el tribunal de Comodoro Py; contiene innegable valor histórico).
Otro instante de furor transcurrió en 2003. Cuando ya se lo habían llevado puesto, como una media, a De la Rúa. Ya presidía Néstor Kirchner, por entonces un paladín en la lucha contra la corrupción.
Aquí Mario Pontaquarto, el Tato, en su “supuesta” condición de protagonista, ofrendó la atractiva historia para una revista semanal.
Entonces Pontaquarto peregrinó después con su mercadería por los despachos decisivos. De la mano de Daniel Bravo, El Hijo del Profesor, El Tato estuvo con el Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra (que tiene pendiente una “posible comisión de delito por falso testimonio”) y con el Primer Ministro Alberto Fernández, El Poeta Impopular (ampliaremos, también solo si viene al caso, con los invalorables testimonios de Cafiero, Bravo, Fernández, Morales Solá, etc.).

Romanticismo

Al concluirse la primera parte del Informe Oximoron, aún no se registró el pedido de disculpas al ex presidente Fernando De la Rúa. Lo reclama. Es un gesto lícito de romanticismo reparador.
Tampoco, que se sepa, su partido, la Unión Cívica Radical, planifica ningún acto de desagravio a su vituperada figura.
Los sobornos falsosEntre enigmas, los abundantes maliciosos sospechan que algunos radicales venerables, en coincidencia con los apurados peronistas, se confabularon expresamente para derrocarlo (ampliaremos). O por lo menos para que el presidente distraído, de una vez por todas, renunciara. Acosado como estaba por el desprestigio de las corrupciones inflamadas. Y por las manifestaciones violentamente desesperadas que aportaban muertos. Cuando Cavallo debió irse después de haber hecho el peor negocio político de su vida. Al llegar como salvador, pero para comprarse la quiebra definitiva.
Y cuando De la Rúa, ya sin vestigios de romanticismo, debió treparse a aquel helicóptero emblemático, expresionista y final.

Los congelados

Tampoco se planifican desagravios públicos, ni reivindicaciones morales, para los difamados senadores peronistas, mandatos cumplidos.
Los que padecieron el congelamiento de sus proyectos personales. Durante 14 años.
Augusto Alasino, de Entre Ríos; Remo Constanzo, de Río Negro; Alberto Tell, de Jujuy; y Ricardo Branda, de Formosa.
Los resignados al escarnio se la bancaron y mantuvieron la asistencia casi perfecta en las dilatadas sesiones. Transcurrían en el subsuelo de Comodoro Py, donde acontecían los testimonios de patriotas que aguardan la respectiva valoración histórica.
Los sobornos falsosHubo, sí, dos ausentes. El senador Emilio Cantarero, de Salta, El Seductor Trunco, que quedó técnicamente “fuera de juego”. Por falta de lucidez.
El otro ausente fue el senador radical por Mendoza. José Genoud, El Flaco. Un precipitado ostensiblemente influenciado por la humillación y los conflictos personales. Prefirió inclinarse por el tango menos aconsejable. El del suicidio.
¿Continuará?
Carolina Mantegari
para JorgeAsisDigital.com
Redacción Final/Informe Oximoron
permitida la reproducción sin citar la fuente.
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Entre Tigre y Barracas

SERGIO, MAURICIO Y DANIEL (2da. Época): Ramón Puerta tiende un puente político entre Massa y Macri.

Entre Tigre y Barracasescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
De los tres personajes de “Mauricio, Daniel y Sergio” (cliquear), consagrada miniserie del portal, el que la tiene peor es Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol I. En simultáneo es también quien la tiene mejor.
Peor, por los esmerilamientos perceptibles que el positivista debe soportar. Trabas innumerables que La Doctora suele plantarle. Con la invención de los rivales internos y la agitación de conflictos gremiales que logran el propósito de desgastarlo. Pero que al mismo tiempo lo consolidan. Dialéctica pura. El desafío de explicar a Hegel a través de Scioli, y la ideología del vitalismo milagroso. Aire y Sol. Coppertone para Todos, cliquear.
Mejor porque, si Daniel llega al final, es por el respaldo plácido del Partido Justicialista Vegetal (PJV). En adelante, tiene sólo que dejarse llevar por la propia estructura que le facilita el trabajo territorial.
Los “gobernadores atragantados” (cliquear) hoy pueden ayudarlo a Scioli a salir segundo con decorosa indignidad. Aunque mantiene reservas “de fe y de esperanzas”, para ser el primero. No obstante las encuestas, al cierre del despacho, hoy no lo favorecen (ampliaremos con un próximo estudio de Consultora Oximoron).
Casualmente, es la estructura (la que tiene servida Scioli, con el PJV), lo que les falta armar a Sergio Massa, Aire y Sol II, y a Mauricio Macri, El Niño Cincuentón. La cuestión transitoriamente se simula con la prioridad de la televisión, que es, en definitiva, lo que más importa hoy en política. Comunicar, aparecer, decir. Para ser. Ontología que lo hubiera desconcertado a Heidegger.
Entre Tigre y BarracasOtro desafío: explicar a Heidegger a través de Massa y Macri.

La Renovación de la Permanencia

Uno, Sergio, titular de la Franja de Massa, el cuadro mimado por las encuestas, se proyecta desde el Frente Renovador. Así se proponga, en la práctica, a renovar la permanencia. Junto a un combinado de patriotas que revolotean a su alrededor y se enrolan detrás del carisma.
El conjunto massista recrea alguna nostalgia del menemismo. Como aquel Menem del 88, pero sin patillas rosistas ni ropa brillante.
Pero Sergio les hace creer a todos los enrolados en la Franja de Massa que les hace caso. Incluso, que los toma en serio, aunque en realidad, según nuestras fuentes, el muchacho apenas si le hace caso al influyente “malenismo”.
Pese a la presencia tutelar de Tito Lusiardo, alias Juanjo, el jefe de la campaña de Sergio es Sergio.
Y el massismo, o sea la Renovación de la Permanencia, es, hasta hoy, lo que dice o hace Sergio y su circunstancia. A través de sus acertadas sobreactuaciones que lo colocan en el primer plano. Evidencia que habilita el admirable armado de filas de empresarios emocionados, que lo surcan para ofrecerle sus aportes generosamente espirituales.

El caputismo-macrista

El otro, Mauricio, adopta el cuento ameno de la Tercera Vía, y se proyecta a través del PRO, agrupación gerencial que sostiene el macri-caputismo, que se transforma en caputismo-macrista.
Con su tácito diagrama vertical, que los mantiene, allá arriba, a los amigos de la vida. Mauricio, El Niño Cincuentón, y sobre todo Nicky, Numerario de la Logia Neumann.
Entre Tigre y BarracasEn un peldaño visible, situado más abajo, se encuentra el imaginario caudalosamente agotable de don Jaime Durán Barbas, El Equeco. Con su arsenal numerológico de encuestas de entrecasa y los efectistas “focus groups”. Es el rebusque que imponen los consultores como de gran utilidad -sobre todo para facturar- y que le preparan a El Equeco sus dos colaboradores. Productores de las enseñanzas estratégicamente medulares que aplica Marcos Peña, El Perfil Bajo Bajito. Mientras Horacio Rodríguez Larreta, El Carismático de Pompeya, instrumenta la acción del gobierno local que sacó chapa de buena gestión con la magia del MetroBus. Aparte, El Carismático de Pompeya distribuye los diversos lineamientos para el resto de los gerentes encuadrados. Los que suelen dedicarse a criticar interiormente los deslizamientos nacionales que se le ocurren, con suerte relativa, al inspirado Emilio Monzó, El Diseñador. A veces en tandem con Humberto Schiavoni, El Desarrollista Moderno.
Mientras tanto Mauricio pregona los atributos especulativos de la Tercera Vía por donde interesa. Los medios de comunicación. Como la señora Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida, y la señora María Eugenia Vidal, La Chica del Flores de Evaristo Carriego.
Pero trasciende que El Niño Cincuentón hoy se siente tironeado. Tentado, operado, por las posturas severamente antagónicas.
Una, la más notoria, lo instiga a cesar seducido por las teorías que aluden al inevitable turno (engañoso) del “no peronismo”. Le admite alucinar con los cantos de sirena nutrida, como los salmos mediáticos de la señora Elisa Carrió, La Empresaria en Demoliciones (que nunca sabe qué hacer con los escombros que produce). O por las incitaciones inteligentes de Oscar Aguad, El Radical Amarillo, o del pragmático Coti Nosiglia, el Ex Richelieu que mantiene el exclusivo objetivo de ganar. Y colmar a su partido de psicopedagogos y abogados de concejales, intendentes, legisladores. Para conformar el ogro indispensable del aparato.
La movida consiste en lograr que Mauricio pueda ser finalmente aceptado por la progresía inmaculada de UNEN, amontonamiento que prepara su próximo recital para el 22 de abril. Aunque no puedan desprenderse de las imágenes desastrosamente tutelares de Álvarez, El Chacho, y de Fernando de la Rúa, El Reivindicado, aunque no se atrevan a reivindicarlo (ampliaremos).
Pero aún Hermes Binner, el John Wayne de El Hombre Quieto, suele echarle el antiguo flit a las ambiciones presuntas de Macri. Como le echa también flit Fernando Solanas, El Dirigente Universitario.

Entre Tigre y Barracas

Entre Tigre y BarracasPero otra postura lo tienta, a El Niño Cincuentón, a “arreglar con Sergio”. Una idea que La Doctora -de repente una dama cordial- nunca toleraría.
Sergio es, precisamente, el problema principal de Mauricio. Aunque también Sergio podría ser también la solución. Para ambos. Si se entienden, como ya se entendieron en 2013, se resolverían dos territorios fundamentales.
Uno, Buenos Aires, la provincia (inviable), el bastión de Sergio.
El otro es el Artificio Autónomo, el bastión de Mauricio.
Trasciende que el ex gobernador Ramón Puerta, y presidente por tres días, extiende un activo puente automovilístico entre las nuevas oficinas de Tigre, donde atiende Massa, y las de Barracas, donde atiende Macri.
Avanza, entre Tigre y Barracas, en la extraña gestación de una interna nacional, a los efectos de consagrar la fórmula Massa-Macri, o Macri-Massa.
Ambos, mientras tanto, se diferencian (siempre por los medios). Se dedican alguna chicana, pero mantienen la alternativa en carpeta. Sin intentar cerrar nada, por lo menos hasta después del mundial de fútbol.

Territorios

La cuestión de la capital. Para constar en actas, Sergio armó un acto con figuras relativamente movilizadoras. Como Alberto Fernández, El Poeta Impopular (que oportunamente fue al Tigre para negociar en nombre de Scioli pero prefirió quedarse). De Alberto Iribarne, El Embajador que no Fue, y Daniel Arroyo, Ex Alicista.
Tres ex funcionarios del cristinismo, como Sergio. Perfectamente pueden pasar todos como grandes “renovadores de la permanencia”.
La cuestión de la provincia (inviable). Si arreglan, Sergio resolvería el dilema político-familiar que se le presenta a Mauricio con Jorge Macri, El Primo (que era) Pobre, hoy mini-gobernador de Vicente López.
Entre Tigre y BarracasAparte podría blanquearse, de una vez por todas, la excelente relación triangular que Sergio mantiene con Rodríguez Larreta. Al extremo de asegurarse (casi) que el Carismático de Pompeya es el hombre ideal de Sergio para el Artificio Autónomo.
Aparte, a Mauricio se le ahorraría el esfuerzo titánico por armar algo trascendente en la provincia (inviable). Problemática que dista de resolverse sólo con declaraciones en emisiones de cable y los focus de El Equeco. En el intento conquistador, hoy sacrifican a la vice jefa de gobierno, La Vidal, la chica que evoca a Evaristo Carriego.

Final con flit

Lejos está el Portal de hostigar el entusiasmo de Ramón Puerta (que se recupera de una operación brutal para destruirlo, impulsada desde el máximo nivel y por cadena nacional, con denunciantes sobornados que se arrepienten). Pero en los alrededores de Sergio y de Mauricio se encargan de tirarle espeso flit a su idea superadora. Para enturbiar el puente entre Tigre y Barracas.
Si los consultan, Sergio y Mauricio lo van a desmentir, dirán “son locuras de Puerta”. Como corresponde a dos políticos que aprendieron el oficio.
Entre Tigre y BarracasPor otra parte, Sergio aguanta también las operaciones bien intencionadas de Eduardo Duhalde, El Piloto de las Tormentas (generadas).
Duhalde quiere acercarlo a Sergio, en cambio, con Daniel. En nombre de la unificación del peronismo superador.
Una idea que recibe flit, según nuestras fuentes, desde todos los costados.
Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com
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Alfonsín y el camino de Frondizi

En general, en la Argentina, el que se muere pierde.

Alfonsín y el camino de Frondiziescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
Ironía sutil del destino. A cinco años de su muerte, Raúl Alfonsín sigue el camino histórico de Arturo Frondizi. El de la previsible idealización nacional.
En general, en la Argentina, el que se muere pierde.
Pero en los casos de Frondizi y Alfonsín la muerte, en cambio, dignifica. Agiganta. Mejora. Enaltece. Hasta consolidar la magnitud de estadistas.
Una categoría que a ambos -en vida- les costó que les reconocieran.
Difusas veleidades del oportunismo interpretativo.
Resulta que ahora se reivindica en exceso a don Arturo Frondizi (Ver “Frondizi y los iluminados”, cliquear).
Se valoran las tesis del desarrollismo, que en su momento se descalificaron.
Lo rescata desde Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas), hasta Mauricio Macri, El Niño Cincuentón. O Roberto Lavagna, La Esfinge.
A la hora de buscar un ejemplo memorable se recurre, para salir del paso, al pobre Frondizi. Pero en el podio de los rescatados ya se encuentra también don Raúl Alfonsín.
Alfonsín y el camino de FrondiziEn el país donde siempre se finge hablar en serio, la unanimidad en el elogio comienza a ser sospechosa.

Transformadores

El Frondizi transformador que hoy se mitifica es aquel que, en alianza con el peronismo proscripto, y con la franja del radicalismo intransigente, gana las elecciones de 1958. Junto a Alejandro Gómez, venció a don Ricardo Balbín, un prócer venerable pero menos valorado. Destacado por la actitud de un salto. Del abrazo con Perón y del discurso sentido (el “viejo adversario” despedía “a un amigo”).
Aludir a Frondizi implica homenajear también al influyente Rogelio Frigerio, El Tapir.
Pero los desarrollistas fueron desalojados del gobierno en marzo de 1962, a los empujones. Después de haber padecido la intolerancia estúpida de 23 planteos militares. La sortija del cargo presidencial, sin el menor poder, iba a quedar para el olvidable José María Guido. Una suerte de Raúl Lastiri de los sesenta. Un anticipatorio Bordaberry local.
Siempre con el peronismo proscripto, en 1963 triunfó el radicalismo “del pueblo” con Arturo Illia. Con apenas el 22 por ciento de los votos. Guarismo que repetiría Néstor Kirchner, El Furia, otro repentino desarrollista. 40 años después.
Sin embargo el Frondizi que fervorosamente suele rescatarse como estadista visionario cierra el esplendor de su vida pública en 1962. Aunque el pobre no se murió ese año, como le hubiera convenido. Cuando tenía 54. Al contrario, don Arturo decidió sobrevivir 33 años más. A los efectos de cesar recién en 1995, a los 87.
Son 33 años de vida que los idealizadores contemporáneos, para no complicarse, prefieren no registrar.
Por más que Frondizi apoyó con Frigerio al Perón que retorna triunfalmente en 1973, el ingrato General decidió no entregarle a los desarrollistas el manejo de la economía. Optó por José Ber Gelbard, El Soviético.
Alfonsín y el camino de FrondiziY por más que en 1976 ambos (Frondizi y Frigerio) aguardaban, con resignada complacencia, la irrupción irremediable del facto, los militares -también ingratos- tampoco tomaron en serio las recetas milagrosas del desarrollismo, para sacarnos del estancamiento. Optaron por don José Martínez de Hoz. Para facilidad conceptual de los analistas maniqueos de la izquierda, que en su indolencia aún interpretan que el golpe de marzo de 1976 se efectuó para implantar un modelo económico neoliberal.
Macanas. Los facciosos providenciales (que se entregaban a la prioridad de la carnicería) llegaban con el cuento de “achicar el estado para agrandar la Nación”. Pero no achicaron un pepino. Al contrario.
La transformación de la economía transcurrió exitosamente durante el facto de Chile. Pero no tuvo el menor lugar durante el facto argentino.
Otra prueba que acentúa las diferencias entre los procesos de Argentina y de Chile. Distancias que aquí no la certifican los demócratas. La brindan los golpistas.
En Chile se mató con énfasis, pero se ordenó la economía. En la Argentina sólo se mató, a canilla libre, pero destruyeron también la credibilidad y la economía se fue al descenso.
La transformación (que hoy se descalifica) debió encararla Carlos Menem. Desde las dificultades de la democracia, junto a Domingo Cavallo, su Frigerio personal.
(Es de esperar que en un par de décadas, y a partir de la dinámica patológica, Menem sea también otro idealizado. Para seguir el camino tardío de Frondizi y de Alfonsín).

Paradojas

Alfonsín y el camino de FrondiziDespués del derrocamiento, los desarrollistas sólo quedaron vinculados al manejo del poder como consecuencia del manejo ideológico del diario Clarín. Cuando Clarín aún no era ningún Grupo (Ver, al respecto, “Diario de la Argentina”, novela maldita del director del Portal).
En los setenta, los aventureros de los otros partidos les tributaban alguna importancia a la dupla Frondizi-Frigerio sólo para aparecer entre las páginas de Clarín.
Hasta que Héctor Magnetto, el destacado “tenedor de libros”, a los 35 años, no tuvo reparos en asumir pragmáticamente la ética de la traición (a Frigerio). Para entusiasmar a la señora directora Ernestina con la perspectiva de sacarse de encima a los desarrollistas molestos. Se imponía expulsar a los fastidiosos. Por entonces todos creían que Clarín era el diario del desarrollismo cuando ocurría, en realidad, lo contrario. Si el desarrollismo mantenía alguna remota vigencia era por manejar las páginas de Clarín.
En cuanto Ernestina, de memoria, en un discurso de aniversario dijo que “Clarín no tenía más amigos privilegiados”, las ideas desarrollistas se fueron al precipicio. Quedaron depositadas en la marginalidad minoritaria de la lona.
Pero aún transcurría 1981 y aún ni Frigerio ni Frondizi proyectaban morirse. A don Arturo le quedaban 14 años que es preferible olvidarlos. Descartarlos para tranquilidad de los idealizadores de entrecasa. Y a don Rogelio le quedaban 25 años más.
Debe aceptarse que ninguno de los dos la pasó nada bien durante el gobierno del doctor Alfonsín. En el tramo de “la democracia recuperada”. Peor aún, puede asegurarse que, cuando se lo quería hacer engranar al “Gallego Alfonsín”, bastaba con compararlo con Frondizi. Quien completaba, a esa altura, la parábola que envolvió su vida como una paradoja. Y que incita a sospechar que el ejercicio de la política es letal para los intelectuales de vanguardia. Aunque tuvieran -como Frondizi- una arquitectura superior.
Alfonsín y el camino de FrondiziPorque aquel Frondizi progresista que en los sesenta pretendía modernizar se había convertido en los ochenta en un viejo reaccionario, que se recostaba sobre la derecha menos racional, manifestaba contra el divorcio y era, para los periodistas especializados (como el que escribe), la mejor fuente para tratar el latente tema militar. En voz baja, como en susurros. Sobre todo a partir de las ceremonias rupturistas de los carapintadas que generaron aquella semana santa de 1987. Con el epílogo que resultó fatal para la credibilidad del gobierno alfonsinista. Y para las ambiciones de permanencia. De implantar el Tercer Movimiento Histórico que se diseñaba desde el Grupo Esmeralda. A los efectos de superar al imposible peronismo que -en otra paradoja- se renovaba. A partir del modelo alfonsinista que culturalmente lo colonizaba.
Desprestigiado, debajo del olvido, don Arturo murió finalmente en 1995. En la plenitud del menemismo que se reelegía, justamente, gracias a la indulgencia interesada de Alfonsín. Que facilitó, como gran estadista, el Pacto de Olivos que deja algunos puntos más enigmáticos que oscuros, para tratar entre la perversidad de otro despacho (consultar al respecto a Luis Barrionuevo, Coti Nosiglia, Carlos Corach, Gabriel Romero y Hugo Anzorregui).

Alfonsín, modo de empleo

Ironías de la historia. Hoy Alfonsín se encuentra en el mismo camino de la canonización que lo estampilló a Frondizi como el gran estadista incomprendido.
No hay quien deje de rescatar al “padre de la democracia” y hasta el prolífico escritor Eduardo Duhalde lo hizo protagonista de su último libro.
Alfonsín y el camino de FrondiziEl cristinismo se propone absorber lo más redituable de Alfonsín con una multiplicidad de homenajes que comenzaron en vida. Cuando don Raúl, para ser exactos, ya era un opositor inofensivo que mostraba las huellas implacables del deterioro físico. Y cuando La Doctora, delante de las cámaras de la cadena nacional, le tomaba la cabeza, con una sobreactuación de maternal ternura, mientras inauguraban un busto que ni siquiera -pobre- se le parecía.
Hasta en el campeonato de Fútbol se disputa la copa Raúl Alfonsín. Modo de Empleo, para todos y todas.
Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com
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lunes, 31 de marzo de 2014

La guerra privada y la sociedad rehén

"Los otros muertos", de Manfroni y Villarruel, y el reverso cultural del "Nunca Más".

La guerra privada y la sociedad rehénescribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital
“Los otros muertos”, de Carlos Manfroni y Victoria Villarruel, intenta representar, con suerte relativa, el reverso cultural del “Nunca Más”. Pero induce a tratar, por definitiva vez, el trillado “género literario de los ’70″ (según la acertada concepción de Pablo Avelluto). El calificativo “trillado” nos pertenece.
No obstante, la guerra privada de los años ’70 parece ser literariamente inagotable. Equivalente -para la producción literaria de Francia- a la ocupación alemana de los ’40. Fenómenos que cuesta superar.
En nuestro caso, un conjunto de textos gravitantes permitieron reflejar aquella guerra privada. Desde el punto de vista, parcial y testimonial, de la militancia. O del humanitarismo, el refugio adoptado por los intelectuales que primero fueron militantes y después se entregaron a la aventura de testimoniar las peripecias del combate.
Se asiste entonces a una multiplicidad de textos. Reiterativos e innumerables. A los efectos de diseñar un balance con algún rigor sólo quedan cinco o seis libros indispensables para entender la época, siempre desde el enfoque de la militancia, objetivamente tendencioso. El abanico puede abrirse con el clásico “Ezeiza”, de Horacio Verbitsky, o con “Recuerdo de la Muerte”, de Miguel Bonasso, o con los densos tomos de autoayuda revolucionaria que reflejan “La Voluntad”, de la dupla Anguita-Caparrós. Habría que incluir también el menos divulgado “Monte Chingolo”, de Gustavo Plis-Sterenberg, que trata la etapa desesperada del ERP y el suicidio del ataque entregado. Y sobre todo “La buena historia”, novela de José Amorim que pasó literalmente inadvertida.
Se trata de títulos liminares que fueron complementados por un par de excelentes biografías. Como “Todo o Nada”, de María Seoane, dedicada a la peripecia de Roberto Santucho, y especialmente “Galimberti” de la dupla Cavallero-Larraqui. Debieran rescatarse también, para tener una idea más acabada del delirio, las Memorias de Gorriarán Merlo, que resultan más nutritivas que las justificaciones literarias de Roberto Perdía. Sin desdeñar tampoco otros productos menos ambiciosos, y bastante bien fundamentados. Como el meticuloso trabajo que indaga en el período clave del diario “Noticias”, de Gabriela Esquivada. O “Doble condena”, de Alejandra Vignolles, con un sobrio y ajustado relato sobre la epopeya de Roberto Quieto.

Excesos de la represión y de la reparación

La guerra privada y la sociedad rehénEsta literatura parcial sobre los ’70 no tuvo una relevante vocación por la autocrítica. Pero sirvió como base anticipatoria de la onda oportunamente reivindicativa que el kirchnerismo venía a instaurar. Con una penitencia explícita hacia los excesos de la represión que derivaría, penosamente, en los excesos de la reparación.
Incluso La Cámpora (hoy tratada por Sandra Russo en “Fuerza propia”), organización que apuesta por la continuidad del kirchnerismo, mantiene también un origen expresamente literario. Es “El presidente que no fue”, acaso el texto menos afortunado de Bonasso, que supo instalar la nostalgia por la revolución que pudo haber ocurrido. Si Perón (la presencia inmanente que revolotea en todas las obras), al circunstancial Cámpora, le hubiera permitido continuar con la presidencia prestada en 1973.
La moda literaria de los ’70 se extendía, en consonancia con la política emblemática que implementaba Néstor Kirchner, que descolgaba cuadros mientras reponía los rencores de la problemática que el menemismo, en su error, creyó haber superado por decreto.
En simultáneo, y por acumulación, la onda alcanzó la extraña monotonía del agotamiento. Hasta registrarse un cierto desencanto por la cantinela monocorde de la denuncia. Y un cansancio por la reiteración esquemáticamente testimonial de los dolores que abrumaban, e iban a construir la necesidad de una réplica.
Los que no se sentían representados por la facilidad interpretativa, y que atendían -seamos justos- las razones del otro bando. Y a los que no se podía cargar con la incómoda estampilla de “genocidas”.
Consecuencias previsibles de la desigual guerra privada. Desatada, en los setenta, entre las organizaciones radicalmente revolucionarias y las institucionales fuerzas armadas que descendieron históricamente hasta utilizar la imperdonable metodología similar. El espanto del terrorismo faccioso fue superado, al fin y al cabo, por la virulencia del terrorismo estatal.
Las espectaculares acusaciones violentamente recíprocas de ambos contendientes dejaron afuera al enorme sector de la sociedad, que quedaba en carácter de rehén. La sociedad que los padecía a ambos. Con ciudadanos que pagaban impuestos y se disponían, a pesar de todo, a trabajar y hacer lo suyo, a disfrutar de los atributos que les garantizaba el preámbulo, amar y tolerar el peso de los días mientras sonaban los estampidos. Y que iban a ser sindicados como cómplices por no escuchar los gritos anulados de las torturas, por no tomar oportuna consciencia de las desapariciones. Es precisamente la sociedad rehén, de la guerra privada, la que aguarda, hasta hoy en vano, su respectivo tratamiento literario.

La otra mirada

La guerra privada y la sociedad rehénLa literatura de la réplica, o de la reacción, dista de ser necesariamente reaccionaria.
Si se rastrean sus orígenes, debiera citarse al periodista Carlos Manuel Acuña, con su irregular “Por amor al odio”. Un texto militante pero al revés, plagado de indignaciones básicas. Fue el que permitió inferir la existencia de un mercado amplio y disponible, que aguardaba, en condiciones de consumir otra interpretación de los mismos hechos.
Aquí se impone rescatar los libros iniciales de otro periodista, Juan Bautista Yofre, siempre signado por el encanto del enigma. Con textos exitosos como “Nadie fue” y “Fuimos Todos”, hasta llegar a “El Escarmiento”, el ensayo más logrado de la serie que se eleva como indispensable para indagar los fundamentos de la otra versión.
Conjuntamente con la obra de Yofre, debiera rescatarse también la literatura de Ceferino Reato. En especial la “Operación Traviata”, que alude al inconcebible asesinato de José Rucci, que Montoneros aún no tuvo la franqueza ética de asumir, aunque a esta altura sea innecesario. Con “Traviata”, Reato produce un enfrentamiento tácito entre intelectuales desconfiados que se sospechan, más que un debate teórico inspirado en la diferente interpretación política. Categorías que complementa con “Disposición Final” donde se alude a entrevistas del autor con el General Videla. Y sobre todo al espantoso asunto contable de los muertos. Si fueron 7 mil o los canonizados 30 mil.
La noción del arrepentimiento ético -que deriva en hecho literario- es aportada por Héctor Leis. A través del intenso “Testamento de los ’70″. En Leis, el deseo catártico de esclarecimiento se presenta como una reconfortante autocrítica, aunque, en el fondo, aquí nadie quiera ya discutir, ni corregir más nada.
Para cualquier estudio medular, el texto de Leis podría tomarse como una continuidad de “Montoneros, la soberbia armada”, de Pablo Giussani, publicado hace treinta años atrás. Durante el esplendor de “la democracia recuperada”. Años de Alfonsín.
Es entre esta franja de la reacción, desde el otro ángulo, otra campana o mirada, donde debiera situarse también a Carlos Manfroni. Con el efectismo explícito de su opus “Montoneros, soldados de Massera”. Aquí Manfroni brinda la información, siempre atractiva, a veces indigerible, que convoca a consolidar las manías conspirativas que infortunadamente cautivan.
La guerra privada y la sociedad rehénEn dupla con Victoria Villarruel, ahora Manfroni insiste con esta onda literaria de la revisión. Con la réplica lícita que reclama por el respeto hacia sus propios muertos, los “civiles del terrorismo”, con quienes la historia considera que “está en deuda”. “Los otros muertos” se inicia con el razonamiento típico de los revisionistas que reclaman la imposible equiparación. E incluye, en su primera parte, las selectivas historias de fácil conmoción, que ilustran la obviedad del propósito. Como la del asesinado ex ministro Mor Roig, que desacomoda hasta a los radicales. Y se cierra con la lista anunciada de las 1.094 víctimas. El reverso cultural del “Nunca Más”. Con los muertos que no tuvieron, al menos hasta hoy, el menor espacio moral para que florezca ningún tipo de reconocimiento. Editó Sudamericana, 319 páginas.
Carolina Mantegari
para JorgeAsisDigital.com
permitida la reproducción sin citar la fuente.
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