martes, 23 de septiembre de 2014

El General y El Cardenal

Perón hizo con los montoneros lo que Francisco hace con los anticristinistas.

El General y El Cardenalescribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural
especial para JorgeAsísDigital
“…la experiencia de nuestra época demuestra que los príncipes que han hecho grandes cosas no se han esforzado en cumplir su palabra…” Denis Jeambar e Yves Roucaute, de “Elogio de la traición”

Para el universo sorprendido es Francisco, El Papa providencial. Es el austero predicador de la paz, gestor del reencuentro indispensable de las grandes religiones monoteístas. El estadista que envía lazos generosamente históricos hacia China, a través de Ricardo Romano, el pensador que -acaso- mejor lo interpreta.
Para la sorprendida Argentina, país de cultura peronista, instalado en el “fin del mundo”, Francisco adquiere la magnitud de Juan Domingo Perón. Más aún, lo supera.
Así como Perón, en 1973, dejó colgados del pincel a los abnegados jóvenes de la Tendencia que arriesgaron la vida por la causa del regreso, Francisco, en 2014, deja colgados del pincel a los fervorosos antikirchneristas que lo sostuvieron durante la otra resistencia.
Pero aclaremos: ni Perón traicionó a los montoneros (que lo utilizaron de canal), ni Francisco traiciona hoy a los críticos implacables del kirchnerismo (que desanimados creen que Francisco les pertenecía).
El General y El CardenalSon contingencias lógicas de la política clásica. Ya tratadas con lucidez en “Elogio de la traición”, texto medular de dos -cuando no- ensayistas franceses. Denis Jeambar e Ives Roucaute.
Sin embargo no hace falta ningún rigor académico para abordar los atributos de la traición en la historia del peronismo, entendido como sinónimo de sistema político.
El Exégeta justifica y legitima:
“Perón era un grande, y en su ocaso le interesó unir a la Argentina. Pero no pudo lograrlo. Le faltó tiempo. Como estadista tomó la acertada decisión de despojarse de quienes pretendían acelerar una revolución que no sentía. Aunque quebrara dolorosamente las ilusiones de muchos militantes que lo acompañaron, con el supuesto falso de creer que Perón volvía para construir el socialismo”.
“Del liderazgo de El General se pasó al liderazgo de El Cardenal”.
La sentencia se publicó en el portal, en 2006. Cuando Jorge Bergoglio, El Cardenal -el futuro Francisco- derrumbó con firmeza espiritual el proyecto de permanencia de Néstor Kirchner, El Furia. En Misiones. Cuando El Cardenal autorizó, al extinto Obispo Piña, a ampararse en San Miguel Arcángel y luchar contra el mal, que en aquella instancia consistía en oponerse en el plebiscito destinado a permitir la continuidad de Carlos Rovira, el discípulo de Ramón Puerta.
El General y El CardenalDetrás del pretexto Rovira, El Cardenal había advertido que se encontraba la ambiciosa maniobra de El Furia. Para “santacrucificar” la Argentina entera.
Por entonces El Furia mantenía la hegemonía del país en el bolsillo. Sin decirlo, aspiraba a la reelección permanente. Nadie se la podía negar, el empresariado ganaba dinero y estaba a sus pies, mientras la oposición se derruía ante la impotencia generalizada.
Al voltear El Cardenal el ensayo Rovira, nace la candidatura presidencial de La Doctora.
En adelante, El Cardenal pasó a ser el enemigo fundamental de El Furia. O sea del kirchnerismo que se encontraba en pleno esplendor.
Para evitar la voz de El Cardenal, los reclamos tácitos de su presencia inmaculada, La Doctora y El Furia optaron por los senderos del grotesco. Hasta trasladar los festejos del 25 de mayo hacia dispares provincias. Para no escucharlo. Aunque los fastos del 25 aludían al acontecimiento municipal. De Buenos Aires.
Así como El General, en la mítica resistencia, contó con el apoyo de las “formaciones especiales”, que tenían su propia agenda y le facilitaban la utopía del regreso, El Cardenal, en la resistencia del olvido, encontró el apoyo interesado de los peronistas disidentes sueltos. A quienes se les sumaba el gorilismo de ocasión. A los efectos relativamente republicanos de soportar los desbordes ninguneadores del matrimonio poderoso que se disponía a permanecer, en un democrático “cuatro por cuatro”.El General y El Cardenal Cuatro para La Doctora y próximos cuatro para El Furia, al que también le iba a faltar el tiempo. Como al General.
Para colmo, con loas, astucias y mangos, La Doctora y El Furia supieron captaron el apoyo generacional de los sobrevivientes. Los que se sintieron desechados (por El General) en los 70. Los incorporaron, junto a sus descendencias, y con los descendientes de las víctimas, al redituable “relato” de los dos mil.
Por su parte, los peronistas disidentes, desparramados pero con capacidad de daño, se las ingeniaron para tajear la impostura de la frágil argumentación Kirchner-cristinista, que traficaba las desgracias selectivas, utilitarias, con los muertos puntuales que les convenía. Hasta que los disidentes los provocaron con cierta habilidad, con la celebración de José Rucci, otro muerto, pero que al kirchnerismo le convenía olvidar. Dirigente sindical asesinado -pero nunca reconocido- por los Montoneros caricaturales que volvían a tallar.
La misa que se celebró por la memoria de Rucci, en 2007, transcurrió en la Catedral de Buenos Aires. La casa de El Cardenal.

Plano doméstico

Pasada la conmoción, en el plano doméstico, la transformación de El Cardenal en el Papa Francisco, en 2013, pudo ser equiparable al regreso de El General, en 1973.
Dos Jefes del peronismo. Pronto, con algún desenfado, el portal calificó al Vaticano como la nueva Puerta de Hierro (por el nombre de la residencia de El General, en Madrid).
La comparación hoy ya es un lugar común. Se la utiliza para aludir a una instancia superior.
El General y El CardenalYa con El Furia extinto, La Doctora debió tragarse la píldora amarga de la nominación del enemigo como Papa. Golpe intenso que se recibió como un “cross a la mandíbula”, como solía afirmar un inspirado novelista. Mientras ensayaba un monólogo en la colorida kermesse de Tecnópolis.
El desconcierto tormentoso sólo se aplacó, según nuestras fuentes, cuando Eduardo Valdés -próximamente El Nuncio Móvil- logró persuadirla, con un recurso típico de peronismo explícito, acerca de la necesidad política de iniciar una nueva relación con el enemigo. Que era, ahora, el Papa. Y podía llevársela puesta como un echarpe.
Pero lo que menos iba a querer el Papa era pelearse de entrada con la Presidente del país de origen. Como mensaje de garantía, El Nuncio Móvil le propuso a La Doctora que incluyera en su comitiva, para la consagración, a una queridísima amiga del Papa. Una de las tres grandes amigas que tiene. De la magnitud, por ejemplo, de la audaz periodista que había sido ardiente y bella, hoy una dama bien casada. O de la dulce abogada, conductora del influyente “adrianismo”, viuda de un entrañable sindicalista. Y otra eficaz abogada, muy amiga del próximo Nuncio Móvil, que se había jugado por El Cardenal cuando lo atacaba frontalmente el periodista más destructivo. Don Horacio ya le había dedicado un par de libros y demasiadas columnas de domingo. Lo estampaba con la peor imagen. Como un cura colaboracionista. Un exceso.

La contención

El General y El CardenalEntonces, desde que La Doctora le llevó aquel desubicado mate de regalo, se inició una admirable relación con Francisco. El Nuncio Móvil había acertado.
Francisco comenzó la faena de contener a La Doctora, quien disminuida solía ponerse nerviosa ante la imponencia de Su Santidad. La pobre muchacha sexagenaria de Tolosa no sabía cómo comportarse. Se veía torpe. Dependía, en adelante, del enemigo dispuesto a olvidar. Se la hacía fácil.
Los anticristinistas suelen ser, en general, bastante más irascibles e insoportables que los propios cristinistas. Al principio entendían, de mala gana, que el Papa debía mantener una relación amable con la máxima autoridad del gobierno de su país.
Sin embargo pasaban los meses, transcurrían los escarpines de Brasil, los almuerzos de contención en Santa Marta se repetían, se multiplicaban los diálogos telefónicos, y la relación Doctora-Francisco evolucionaba favorablemente. Parecía que hasta acordaban en cuestiones estratégicas. Francisco se transformaba en su pilar sustancial.
“Cuiden a Cristina”, les decía Francisco a los peronistas desopilantes que iban a visitarlo, a los empresarios que iban a sacarse una foto, así fuera en la tanda colectiva de los miércoles. Se volvían con el mismo consejo. “Cuídenla”. Saboreaban, también espiritualmente contenidos, el caramelo de madera, sin siquiera con azúcar impalpable.
Cada día les costaba más aceptar la nueva situación. Pero los anticristinistas virulentos aún interpretaban que el Papa quería ayudarla a llegar, sin aproximarle en ningún momento la línea de llegada. Con su aire espiritual debía llegar a diciembre de 2015.

Último viaje

De todos modos, el desconcierto de los anticristinistas sobrepasó el límite de la desconfianza con las postales cristinistas del último viaje.
Cuando se lo vio a Francisco bastante más gordito pero muy feliz, como un abuelito en navidad. Sonreía con orgullosa ternura, entre la camiseta de La Cámpora, que le obsequiaba el sensible Larroque que enternecía, y los tentadores salamines de Mercedes que le entregaba El Wado, el que se jacta de manejar jueces, como Julián, El Soberbio de Lanús.
El General y El CardenalCon los ojos iluminados de amor, Francisco recibía los regalos. Al cierre del despacho, aún no le llegó dedicado ningún libro de don Horacio.
Mientras tanto, cualquier mortal, creyente o no, ya comprendía que el trabajo de Papa es, en cierto modo, espiritualmente insalubre. Al extremo de tener que escuchar, con el rostro absorto y sereno, que a La Doctora la habían amenazado los terroristas del Estado Islámico. Que los jihadistas tenían deseos de cubrirla con un batón naranja, para arrodillarla, como si fuera una sciolista del montón para ser decapitada.
La cuestión que Francisco estaba cómodo entre tanta euforia cristinista. Para espanto de los anticristinistas que recordaban, en cierto modo, a los nostálgicos muchachos de la Tendencia. Los que sentían, en la Plaza de Mayo de los setenta, que el General los expulsaba por imberbes. Porque le reprochaban, con pucheritos y reclamaciones, que estaba “lleno de gorilas el gobierno popular”.
En adelante, la parábola de El Cardenal y El General puede perfeccionarla el analista más reposado.
Para sintetizar, El Cardenal, con los antikirchneristas que lo sostuvieron, hace algo similar a lo que hizo El General con los montoneros.
Pasarlos al cuarto. Contingencias lícitas de la política. Consagrar el derecho del príncipe a modificarse. Como lo estudiaron Jeambar y Roucaute, en “Elogio de la traición”. Y sin adherir a la idea del Octavo Círculo del Dante, reservado a los traidores en La Divina Comedia.
El Exégeta remata la crónica:
“Aquí no hay espacio para ninguna traición. Francisco es un grande que está más allá, y sólo quiere, como lo quiso El General, el bien de la Argentina. Es el gran estadista que tiene el mundo entre sus competencias, pero que pugna para que el gobierno del país de origen concluya su ciclo con normalidad”.
Carolina Mantegari
para JorgeAsisDigital.com
permitida la reproducción sin citar la fuente.
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La bacinilla de Francisco

La Doctora y Los Bonetistas marchan sobre Puerta de Hierro.

La bacinilla de FranciscoTío Plinio querido,
Para diciembre el problema energético dista de ser grave. La solución es natural. La actividad cayó lo suficiente. Es la ventaja indirecta del desmoronamiento de la economía.
Entonces con la energía que hay alcanza para alumbrarnos a todos (y todas).
Para el cristinismo, tratar un conflicto, implica fomentarlo. No hay manera de salvarse. Ni “razonamiento lateral”, de los que Francisco pondera y recomienda.
Tratarlos significa avalar los alborotos que se vienen en las vísperas del verano. Las protestas irremediables de ciudadanos de pantalón corto y ojotas. Enojados por los cortes de electricidad que, en el fondo, no van a suceder. Es la suerte de convivir con la estanflación. Inflación más recesión. Estancamiento.

El diciembre de Harry

Ante cualquier problema, La Doctora suele recurrir a las enseñanzas de El Furia. Antes que la solución debe encontrarse siempre un culpable.
Primero fueron los fatídicos 90. Después, hasta un olvidado 7 de diciembre, fue Clarín. Pudo ser también Duhalde, el fantasma selectivo que los catapultó. Ahora son los buitres de Griesa. Y providencialmente aparece Kevin Sullivan, diseñado como un potencial Spruille Braden, en gestación.
La modalidad prospera. Porque el hallazgo último consiste en encontrar al culpable con anticipación. Antes que el problema anunciado se produzca.
La bacinilla de FranciscoEs el diciembre de Luisito Barrionuevo. Harry, como lo apodaba Triacca.
Aunque Harry, esta vez, ni siquiera se fue de boca. Rutinas del ejercicio transgresor de la palabra. Apenas le planteó a Clara Mariño (que se imponía en rating a Intratables, A dos voces y a Sylvestre) lo que cualquier desdichado sabe y teme. El alboroto habitual de los diciembres.
Ahora se descuenta que lo que se viene es por culpa de Harry. Si en diciembre se producen alborotos, por despidos o hartazgos, o si se arma algún saqueo, el instigador es siempre Harry. Barrionuevo.

La utopía de durar

A diario, tío Plinio querido, en cualquier parte, brota la pregunta. ¿Dura?
¿Usted cree que esto, así como va, puede llegar a diciembre de 2015? Por más que Francisco invierta voluntad y rezos en la utopía de durar.
Pasa que La Doctora twitea sin la menor credibilidad. Rodeada por los incondicionales que se fanatizan. Aplaudidores entusiastas que pronto tendrán que salir a pasear con pasamontañas.
La bacinilla de FranciscoPasa que La Doctora ya no puede aportar ninguna solución. Es parte sustancial del problema. De la mano de Kicillof, El Gótico que la obedece, va camino del foso.
Por más que Francisco les pida a los desopilantes argentinos que se obstinen en cuidarla. Por más que la reciba con almuerzos bimensuales. Y prosiga con el envío de las cartas conmovedoras, por intermedio de Eduardo Valdés, El Nuncio Móvil. Conductor virtual de la línea Bonetista. Una escuadra mística que integra Domínguez, El Lindo Julián, con Gaby Mariotto, El Pesado de Llavallol, Morenito, El Napia que Vuelve, y Maradona.
Por más invocaciones y eucaristías de Francisco, hoy cualquier pagador de sueldos acepta, en respetado off, que en tanto sigan La Doctora y El Gótico, a la Argentina no va a llegar una moneda.
“Nadie va a traer un p… dólar”, nos dijo un empresario asustado. Extranjero. Cabrero porque tampoco se puede llevar ningún p… dólar.

En el pozo y con pedanterías

La bacinilla de FranciscoHay declinación, sí, pero con arrogancia. En el pozo pero con pedanterías y desplantes.
Persiste la decadencia paulatina. De acuerdo, pero con ambiciones de ejemplaridad.
La agonía, aparte, tío Plinio querido, también es cierta, pero desafiante.
Trátase de una agonía guapa, casi pendenciera.
Muestras de simulada fortaleza en medio de la colectiva fragilidad.
Simples ideas para sintetizar el momento actual del país durante el ocaso del viento de cola. Con Fábrega, El Sensato Marginal, que ya no sabe cómo retener los dólares que quedan mientras la soja cae a 360. De todos modos, el cristinismo busca siempre culpables. Detecta las conspiraciones más sublimes, perfectas. En el esplendor de la paranoia son portadores de una audacia tan enternecedora como admirable.
La Doctora y Los Bonetistas se toparán con esta carta cuando lleguen a Roma. Para la marcha frecuente hacia la nueva Puerta de Hierro.
El Vaticano es la primera escala de la cruzada multilateral. Porque Argentina va a sepultarse en el grotesco de Naciones Unidas. A someterse al desgaste del pedaleo inter-sesional.
La bacinilla de FranciscoLa Doctora va a pedirle a Francisco la metafórica bacinilla. En la búsqueda del viento espiritual del santo. Alguien que es más peronista que ella pero que actúa en otra categoría, con el mundo como competencia, con incomparable profundidad de campo. Pero en simultáneo un Guardián que quiere ayudarla a sobrepasar el diciembre de Harry y hasta llegar al diciembre de 2015. Aunque no haya nadie que quiera impedírselo. Sólo La Doctora está trabada por la propia incapacidad. Nadie tiene el menor interés en rajarla.
Es por sus propios atributos que La Doctora roza la lona. Con el país puesto de sombrero, y con su comportamiento para tratar con la homeopatía. O la medicina elementalmente clínica.
Mientras tanto, los muchachos de La Cámpora reinstalan, desde La Paternal, la ficción de su supremacía imbatible.

Galletita amarga

La Cámpora es, en la práctica, tío Plinio querido, lo único políticamente vivo que le queda al cristinismo.
Son los que sostienen el desvencijado relato. Surrealismo o realismo mágico que impulsa la Revolución Imaginaria. Junto a una colección de Buscapinas sueltos que se aferran a los puestos y a los medios de comunicación. Y que cuentan con la impotencia colaboracionista del PJV. Partido Justicialista Vegetal.
Certifican con convicción que, de ser La Doctora de nuevo candidata, nadie estaría en condiciones de competirle.
Una galletita amarga que Macri, El Niño Cincuentón, se come en silencio. Sin rebatirla. Como si la dejara pasar. Como la come también Massa, El Renovador de la Permanencia, que sabe que ese fantasma se desvaneció el 27 de octubre del año pasado. Galletita que soporta el mismo Cobos, El Malvinero Sentimental, que la padeció durante tres años. Y hasta De la Sota, El Cordobés Profesional, al que quisieron cargarse el último diciembre. Es el único que podría ensayar una impostura peronista, que no sea vegetal.
La bacinilla de FranciscoLa cuestión que, en términos políticos, el cristinismo hoy cuenta las monedas para comprarse un pancho. Pero mientras tanto se atreve a juzgar la carta de La Tour d’Argent. O del Oviedo.
Son verdaderos maestros en el arte de tergiversar. De mandarla cambiada. Otra prueba de la vieja teoría del Portal. Indica que van siempre al frente. Con la iniciativa capturada y con el único glóbulo rojo que les queda. Cuando se frenan es sólo para tomar envión.

Final con la pecadora arrepentida

Desde el descenso del default (al que se ingresó por exclusiva decisión política), La Doctora pasa a la ofensiva oral. Hasta marcar la condición de proscripta.
Sin que importe el desaire explícito hacia el abanico de voluntariosos candidatos que se postulan para defender los trapos del modelo para tirar.
Desde el natural Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, El Esmerilado, hasta Urribarri, El Padre del Marcador. O Randazzo, El Loco de la Florería. También comen la galleta amarga del desaire. Urribarri se muestra como el más leal. Como si sobreactuara.
Pero La Doctora es la gran y única estrella. Trata a los postulantes como si fueran meros personajes de reparto. Extras que hacen “bolos” en la filmación.
Protagonistas austeros del banco de suplentes. Salen a jugar sólo cuando La Doctora tiene imposibilidad electoral.
Lo importante es que los cristinistas se las ingenian siempre para cambiar el eje. Para ocultar que la marcha hacia la Puerta de Hierro, de La Doctora y Los Bonetistas, es para suplicar por la bacinilla de Francisco.
Por el aire espiritual que debe ayudarla para continuar. Sin que nadie le aproxime la línea de llegada. Para que el final esté más cerca.
La bacinilla de FranciscoDígale a tía Edelma que indague, en el Evangelio según San Lucas, sobre la parábola de “La Pecadora Arrepentida”. En casa del fariseo que almuerza con Jesús.
Cuando la pecadora llega “con un frasco de alabastro con perfume, se pone detrás de Jesús, y comienza a llorar. Con las lágrimas bañaba sus pies”.
Dígale a tía Edelma que se anote para recibir el servicio diario de Catholic.net. Por internet.
En su compu. A la mañana. Mensaje de Dios.
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lunes, 15 de septiembre de 2014

MAXIMO Y SU CIRCUNSTANCIA

Demostración de fuerzas de La Cámpora  


sobre informe de Consultora Oximoron
Redacción Final
Carolina Mantegari
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Introducción



Kirchnerismo y cristinismo
             
                 Aunque no se puedan analizar separadamente, el kirchnerismo tiene alguna diferencia proverbial con el cristinismo.
                 Kirchner, El Furia, conquistó la hegemonía y gobernó -reiteramos- con el apoyo sustancial de Hugo Moyano, El Charol, y la complacencia de Héctor Magnetto, El Beto. Y con la bendición del “viento de cola”. La soja.
                  Poco después de la muerte (irresponsable) de El Furia, ya La Doctora no contaba con ninguno de los dos apoyos primordiales. Sólo con la persistencia de la soja.
                  Fue El Furia quien encaró la guerra perdida que La Doctora supo empeorar después. Moyano, en cambio, dilató la mala relación un tiempo más.             
                  Sin los pilares fundamentales, La Doctora prefirió gobernar con conjunción de incondicionales que la sostuvieron.
                  Buscapinas de “Unidos y Organizados”, y sobre todo lo que aquí se llamó La (Agencia de Colocaciones) Cámpora. A quienes se aferraron los tecnócratas de Tontos pero no Tanto (banda de Kicillof, El Gótico).
                  Con el aval de La Doctora, La Agencia impregnó de militantes la casi totalidad de resortes del estado. Para “mojar” salarios, se calcula que ingresaron entre 7 y 10 mil camporistas, al menos transitorios.
                   Al cierre del informe, no se registró ningún intento de revisar minuciosamente los múltiples ingresos. Una herencia envenenada que no parece interesarle a ninguno de los tres eventuales sucesores que aparecen en pantalla.

                                                     

                                                          Osiris Alonso D' Amomio
                                                          Director/ Consultora Oximoron


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                  El default deseado   

                   Para llegar hasta aquí, a la agonía petulante y hasta ambiciosa, La Doctora contó con la ayuda parasitaria del Partido Justicialista Vegetal.
                  Son los restos tristes del ex Movimiento, hoy estancado, melancólico y lateral. Gerenciado (una manera de decir) por gobernadores culposos que cobran y callan. Se compadecen temerosamente entre ellos mientras comienzan a percibir los trozos de mampostería que se caen del “proyecto”.
                   Los “temerosos” temen por el destino de sus territorios. Distraídos detrás de la conducción (inexistente y supuesta) de La Doctora. Los arrastró hacia el descenso del default. Pesadilla que perfectamente pudo haberse evitado.
                   Aún La Doctora no brindó las explicaciones que el portal le reclama. Tampoco las brindó al parlamento, ni –en especial- al pueblo. Por haber demolido el acuerdo de los banqueros privados con los llamados “buitres”. Fue una decisión personal, un default deseado que se tratará en próximos libros de historia.
                  Cuando estaba resuelto el litigio. Y cuando Juan Carlos Fábrega, El Sensato Marginal, había girado los respectivos 200 millones de dólares de la garantía. Mientras Kicillof también estaba conforme con la decisión de pagar. Aunque el técnico está para fundamentar ideológicamente lo que le indiquen. La instrucción que le remitan.
                  En medio de la epopeya trucha, y aún antes de concretar el próximo papelón de la cruzada heroica en las Naciones Unidas, aquí debe confirmarse que Argentina se fue al descenso del default porque La Doctora lo prefirió. Fue, según nuestras fuentes, su deseo. Razones de la política que la historia juzgará, por la impotencia conceptual de los protagonistas del presente.
                  Que conste. Que quede escrito antes que La Doctora vaya a recargarse con el aire espiritual del misericordioso Papa Envuelto.
                  En su estilo envolvente, el cristinismo ya no envuelve exclusivamente a los opositores envueltos. Envuelve, además, al Papa. Un bienintencionado que incinera su prestigio para que La Doctora llegue, con su aire, hasta el final. Sin que nadie le aproxime la línea de llegada.
                  En semejante marco circunstancial debe interpretarse la magnífica demostración de fuerzas de La Cámpora, que sale en auxilio de La Doctora y saca su carta clave. Para producir el bautismo político de Máximo Kirchner, En el Nombre del Hijo.


                  El bautismo

                Hasta la tarde nublada del sábado en Argentinos Juniors, Máximo portaba la ventaja nada menor del misterio que se generó alrededor de su figura.
                  Vocacionalmente “imperfecto”, En el Nombre del Hijo exhibió sus condiciones adquiridas para dirigirse a la multitud favorable de camporistas emocionados. Los compañeros incondicionales que lo “bautizaban”. Con un discurso técnicamente maniqueo que hacía lagrimear a muchachones tiernos y sensibles, como Larroque y Ottavis.
                  Un discurso simple, previsible y pobre, pero emitido con sincero énfasis. Plagado de pausas programadas, de amagues de quiebres, de tergiversaciones tanto históricas como del presente.
                  Pero con una tonalidad acertada. Con la adopción de cáscaras caricaturales que evocaban la figura del padre. Al que aspira a emular, así sea de manera tácita.
                  Significa confirmar que,con el bautismo de Máximo comienza otro capítulo de la historia del clan Kirchner. La política familiar, la cuestión del poder como un tema doméstico.
                   Una saga que proseguirá estudiándose en los seminarios privados del Portal. A pesar de las descalificaciones de los detractores kirchnerizados, la saga confirma una cierta continuidad.
                   Brota la persistencia del heredero. En el plano inmediato, el bautismo dejó una lección que la ceguera anticristinista no debiera negar. Ni menoscabar. Indica que el kirchner-cristinismo está vivo. Que estos muchachos, pese a la debacle profundizada, aún no se entregan. Generan los acontecimientos que garantizan el mantenimiento de la iniciativa, mientras el opositor, absolutamente kirchnerizado, se entretiene con la faena inútil, frontalmente gorila, de criticarlos. O peor aún, negarlos.


                  La producción de acontecimientos

                  Correspondía, acaso, que Sergio Massa, El titular de la Franja de Massa, produjera otra demostración de fuerzas. Disipada ya la proeza electoral de octubre de 2013. 
                  Pese a la monotonía de las operaciones para bajarlo, Massa continua al frente, en cualquier sondeo respetable.
                  O correspondía, acaso, que la demostración fuera de Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol. Es el sucesor natural que mejor les “mide” al cristinismo que le desconfía y lo rechaza. Aunque en el sermón de Máximo no se hizo acreedor a ninguna mención.
                  A pesar del esmerilamiento serial, y a las intenciones permanentes de bajarlo, Scioli también se mantiene, con una contradicción estructural que se simula con su ideología vitalista, y con el optimismo que dilata el choque. .
                  O le correspondía, por último, hacer la demostración de fuerza a Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, aunque la demuestre a diario.
                  Es quien tiene los planetas más alineados. Pero un estadio de fútbol tiene poco que ver con la estética que impulsa el macricaputismo. Aunque haya presidido Boca.
                  Lo cierto es que el cristinismo, con la producción de acontecimientos, vuelve a la carga. Se detiene sólo para tomar envión. Va siempre. Produce los acontecimientos con lo que tiene, que no es poco, el manejo del estado en primer lugar. Marca hechos.
                  Pero Máximo e
stropea su saludable bautismo para brindar un título fácil para los diarios del domingo. Instala
la utopía de la re/reelección de La Doctora. La idea de la superioridad, que utiliza La Cámpora para –en cierto modo- despedirla. 

                  La convicción con que Máximo emite su verdad es forzada, pero aceptable. Cualquier académico del teatro, formado con el rigor de Stanislavsky, le creería. Aunque se trate de una verdad excesivamente manipulada,tergiversada y bastante –cabe consignarlo- ingenua. Típica expresión de una política equivocada que se inspira en los mitos inventados. Producidos. Como los acontecimientos.
                  De todos modos costará, en adelante, subestimar a La Agencia de Colocaciones. Reducirla o negarla. Se transformó, a partir de los agravios, en un lugar de militancia juvenil,  ideal para contener la tendencia a la rebeldía de sectores esclarecidos de las capas medias. Espacio que el cristinismo comparte, en la actualidad, con el Partido Obrero. Pero es tema de otro informe.

                                                  


                                                                   Carolina Mantegari
                                      informe Oximoron/Redacción final
                                  permitida la reproducción sin citar la fuente            

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viernes, 12 de septiembre de 2014

El antimperialismo bipolar

Con la sensatez marginal de Fábrega y el aire espiritual del Papa Francisco.

El antimperialismo bipolarTío Plinio querido,
La estrategia dual es bastante inteligente y nada improvisada.
A La Doctora le permite mantener la iniciativa. La tensión de la centralidad.
La táctica es contradictoria. Dos vertientes signadas por el antagonismo.
Una manera, casi obvia, de la bipolaridad.
Según nuestras fuentes, La Doctora no come vidrio y está decidida a arreglar. Desesperada por acordar. tío Plinio querido, con los “holdouts”.
Los tenedores de bonos que se prefieren llamar buitres. Como si fuéramos carroña, confirma López Murphy, El Gato (que se hace el bulldog).
Para que la realidad no se la lleve puesta, La Doctora quiere cerrar el acuerdo durante el primer trimestre de 2015. Sin los riesgos, candorosamente sobrevalorados, de la cláusula RUFO.
Aparte del aire espiritual que suele aportar el Papa Francisco, para llegar a 2015 La Doctora necesita sobrevivir al fatídico diciembre anunciado.
Diciembre se le viene encima a la sociedad. La Doctora lo advierte, asusta con la matiné de Luisito Barrionuevo, Harry (como lo llamaba Triaca).
La pobre teme las conspiraciones que le armen desde “arriba”. Pero por no comer vidrio sabe que debe fortalecerse ante los riesgos del “abajo”.
En simultáneo, La Doctora estimula la explotación del beneficio adolescente de pelearse, tío Plinio querido, con los Estados Unidos. El sueño postergado de Zannini, El Cenador.
Una actitud que despierta adhesiones fáciles. Apoyos retóricos entre los nacionalistas desconcertados del “adentro”. Y de los abundantes antimperialistas sueltos del “afuera”. Ambos están a la pesca inocente de las causas perdidas que aporten la reconfortante chapa de la rebeldía. Arrebatos orales que cesan en cuanto se pronuncian.
El antimperialismo bipolarEl sentimiento antinorteamericano es intenso y efectivo. Nutre. ¿A quién no le gusta pelearse, tío Plinio querido, con los norteamericanos solitarios?
Combinan la máxima potencia militar con la llamativa incapacidad política.
Para simplificar: a La Doctora le fascina pelearse con quien quiere que la acepte.
Anhela ser recibida en la Casa Blanca. Con la pompa que se lo recibió a Carlos Menem. Cuando al argentino le bastaba, para ingresar a Miami o Nueva York, con un registro vencido de conductor.
Pero como también se lo recibió a Kirchner, El Furia, sin pompa. Cuando le puso la manito en la rodilla a Bush. Antes de organizarle la antológica contra-cumbre de Mar del Plata. Con D’Elía, Chavez y Maradona.
O como Obama, El Keniano, lo recibió a Mujica, El Minguito Oriental. O a cualquier presidente del vecindario.
La invitación a la Casa Blanca fue la instrucción prioritaria que se les bajó al menos a dos embajadores. Conseguir la básica visita de estado. Pese a los tijeretazos del canciller Timerman, el funcionario que dio más por La Doctora. Ofrendó, incluso, hasta su identidad.

Méritos

Mire que ella, antes de ponerse el casco oral, se esmeró en la etapa de los méritos. Entre los billetazos limpios para el CIADI. Con los billetazos humillantes por la catástrofe de Repsol.
Con decirle que Kicillof, El Gótico, es un ponedor compulsivo. Puso dos mil novecientos palos de más para el Club de París. Le puso el pecho y las nalgas a todos los punitorios. Es el negociador ideal para tenerlo de contraparte.
De no haber querido hacer tantos méritos para congraciarse con los mercados, antes de lanzarse a la rareza del antimperialismo bipolar, nadie puede explicarse, tío Plinio querido, que se haya contratado al lawyer Paul Clement. Por indicación de otro revolucionario como George Soros.
El antimperialismo bipolarClement de Soros vendría a ser algo así como el Cinosi de Zannini. Traficaba influencias entre los miembros republicanos de la Corte. La Doctora ponía para seducir a los republicanos. Descontaba que la Corte de los Estados Unidos debía aceptar el “caso argentino”. Para pedalear a los malditos buitres durante algún año más.
La alucinación permitió que La Doctora, El Cenador, Máximo, En el Nombre del Hijo, El Gótico y El Wado durmieran un año de siesta irresponsable.
Un infantilismo inspirado en la sublime pasión por la incompetencia. En la rutina de la mala praxis que genera buracos sólo solucionables con la improvisación. Con la búsqueda de culpables fáciles para salir del paso. Sea Clarín, Duhalde o Barrionuevo, los culpables siempre se consiguen en la feria. Cuando se porta el virus de sentirse víctima.

Banda de banqueros

Tampoco se explica que Zannini, El Cenador, cordobés que se anota solo para ganador, haya enviado a Nueva York, para la rosca con “los buitres”, al legítimo Cinosi.
Conste que El Cenador envió al Cinosi auténtico, ninguna imitación. Para incorporarlo a la banda de banqueros que reclutaba Fábrega, El Sensato Marginal. Por pedido de La Doctora.
Y cuando el litigio de cartón estaba a punto de resolverse brotó el amateurismo demoledor de El Gótico.
“¿Por qué tiraste abajo todo?”, le preguntó El Sensato Marginal.
“Si total el acuerdo está firmado”, respondió El Gótico.
“No está firmado un c… recién giré los 200 palos de la garantía”.
El antimperialismo bipolarEl Gótico había salido de la oficina de Pollack con los pulgares eufóricos hacia arriba. Con el aval de La Doctora pretendía embocar justamente a los banqueros. A los “que fuman adentro de una garrafa”.
Consta que hoy, hasta Oviedo, el analista bien informado de La Nación, trata de explicarse por qué demonios Kicillof y La Doctora hicieron explotar el acuerdo que generaron.
La respuesta hay que buscarla entre los cruces telefónicos que jamás va a divulgarlos el general Milani, Irresistible Seductor de Sexagenarias.
¿Acaso fue la precipitación de Cinosi para contar, desde el aeropuerto de Nueva York, y por celular, al Cenador, que ya estaba todo listo?
¿Precipitación que El Cenador le trasladó a La Doctora. Y ella a El Gótico?
Podían garcar tranquilos a la banda de banqueros que pretendían aparecer, en la estampita, como Castelli, French y Berutti, o San Martín.
Entonces El Gótico soltó la lengua en la Sierra Maestra del consulado. Un bochorno universitario de ciudad pobre que permitió desembocar en la valentía del malentendido. En el antimperialismo bipolar.
Ya sin contar, para la cruzada, con el contratado Clement de Soros. Ni siquiera con el Cinosi de Zannini.

La manuela del antimperialismo

Por una vertiente, La Doctora busca la manera de arreglar con los mercados europeos, tío Plinio querido, y con los chinos, a través de El Sensato Marginal.
Desde Basilea, donde arregló con los chinos por el swap para las reservas, Fábrega tuvo que irse a la China, por orden de La Doctora, para salvar la ropa del viaje inútil que hicieron a China De Vido, El Ex Superministro, El Gótico y Gallucio, El Mejor Sobrino de la Tía Doris.
Mangar fondos chinos para los trenes de Randazzo, El Loco de la Florería. Reclamar los fondos chinos para las represas anunciadas de Santa Cruz (La Doctora sólo podrá irse cuando las obras estén comenzadas y se cumpla el sueño de los socios. El Furia y Lázaro, El Resucitado).
El antimperialismo bipolarAhora cambiar a los americanos o europeos por los chinos, tío Plinio querido, no es ningún salto al vacío. Es apenas un error.
Pese a tantos restaurantes, aquí ni se tiene idea del sabor del dominio chino.
Indagar en el continente que se adueñaron. África.
Por la otra vertiente, se prepara la cruzada que sepulta a la Argentina en el grotesco.
La epopeya de trasladar el “marco legal”, del personal drama “buitres”, hacia el universo. En la OEA, la FIFA, ahora en la plenaria de la Asamblea de Naciones Unidas.
Cualquier burócrata, avivado a fuerza de “proyectos de resolución”, sabe pedalear el tratamiento, en el foro de la ONU, durante años. Enfriarlo hasta la extinción.
Para reconocer la importancia del planteo y remitirlo a las cancillerías. Para ser discutido en la reunión del próximo año, mientras se da conocimiento de la iniciativa al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional. Escenarios exclusivos de la batalla real.
Por el momento, la manuela del antimperialismo bipolar sirve. El fracaso, tío Plinio querido, garpa. Es una virtud. En la antesala del papelón.
Se cuenta con el aire espiritual del Papa. Con una ley soberanamente absurda, pero que mantiene indemne el costado ilusorio, combativo e idealista.
Garantiza algunos días próximos de formidable vulgaridad institucional. Con la captación de las solidaridades inútiles en los lugares equivocados.
El antimperialismo bipolarDígale a tía Edelma que Francisco es también Rata de Fuego. De 1936.
Como es Rata de Fuego también la Argentina, de 1816.
Dígale a tía Edelma que no olvide que, en astrología china, las identidades se repiten cada 60 años.
Cuéntele que el Año del Caballo es antagónico para las Ratas.
Hay que cuidar mucho a las Ratas Viejas. Alertarlas para que hagan menos macanas.
Y por último dígale algo que la va a alegrar. Estamos en negociaciones con Medea. Va a encargarse de un blog, separado del portal, pero unido por un link.
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Valérie Trierweiler, escritora maldita

Condenable unanimidad para rechazar el best seller de la ex Primera Dama.

Valérie Trierweiler, escritora malditaescribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural, especial
para JorgeAsísDigital
“Désolés, nous n’avons plus le livre de Valérie Trierweiler, mais il nous reste des ouvrages de Balzac, Dumas, Maupassant, etc.”

Cartel en librería

Coro plural de negaciones. Descalificaciones de orden ético, estético y moral.
Sin ir más lejos un intelectual inconformista, de la amplitud de Bernard Henry-Levy, confirma que “Merci pour le moment” -novela testimonial de Valérie Trierweiler- es de una “insoportable vulgaridad”.
Coincide Levy con Jean Daniel, legendario maestro, prócer de Nouvel Obs, que la destroza desde el título. Como si se preguntara ¿vale la pena hablar de esto?, para luego reflexionar sobre “le rôle des épouses dans la République féminisée”.
La crítica, en bloque, unánimemente pulveriza a Trierweiler, escritora maldita en la lengua que utilizó Celine, Rebatet o Genet.
Valérie Trierweiler, escritora malditaComo si la novelista fuera la máxima responsable de la caída estrepitosa, en las encuestas, de François Hollande, el protagonista principal. Objeto -y causante- del libro.
Debe aceptarse que Valérie Trierweiler es una mujer que atrae problemas. Ideal para alejarse. Ni siquiera sorprende la falta de solidaridad con la escritora del colectivo feminista, que participa, en silencio, de la condena global.

Epopeya triangular

El lenguaje es directo, como periodista es competente. Con astutas alteraciones temporales entre el presente y el pasado. Así Valérie se dispone a contar la parte de su historia de mujer abandonada, humillada y maltratada, que se sintió “ilegítima”. Hurga entonces en la ilegitimidad.
Ocupaba un lugar -el de Primera Dama de Francia- que no le pertenecía. Porque en el imaginario colectivo ese rol debía corresponderle a Segolene Royal, la bella dama sexagenaria, madre de los cuatro hijos de François.
Segolene fue la candidata socialista a la presidencia en 2007. Durante esa campaña François ya estaba entreverado con Valérie, la periodista de Paris Match especializada en política. Valérie y François coiteaban desde la noche bien contada de Limoges. 2004.
Valérie Trierweiler, escritora malditaEn realidad, desde el punto de vista de Valérie, se asiste a la rescatable historia de François. Epopeya triangular que se extiende desde Segolene a Julie Gayet, la actriz que cierra el circuito.
Julie le ocasiona a Valérie lo mismo que Valérie supo ocasionarle a Segolene.
Pero cuando Valérie se lo sopla a Segolene, el gran macho -François- era apenas un dirigente secundario del Partido Socialista (del que llegó a ser Secretario General). En cambio Julie se lo sopla a Valérie cuando François ya era el presidente de Francia. El menos popular de la V República.
No obstante, François producía actos enternecedores. Un presidente que se escapa de la residencia en motocicleta, con el casco reglamentario, para reposar con su amada, merece respeto. No cualquier concejal ni diputado se arriesga a tanto por ponerla. Aunque no sea francés y carezca del impulso penetrador de -sin ir más lejos- Dominique Strauss Kahn.
Valérie Trierweiler, escritora malditaDSK se perforó solo la carrera ascendente. Era el candidato natural del socialismo para la presidencia, hasta que le plantaron una mucama de hotel. La facturada humillación fue aquí propiedad de Anne Sinclair, otra periodista. Pero Anne se abstuvo de novelar su dolor como Valérie. Cuestión de clase. Anne lo acompañó a DSK en la caída más de lo necesario. Después lo soltó.

El post-polvo

El drama de François se explica por la lícita pasión por la poligamia tensa que cultiva cualquier ser normal que piensa con el rigor de la bragueta. Pero al presidente de Francia sólo se le puede reclamar por el mal manejó de la instancia post polvo.
Valérie Trierweiler, escritora malditaUn paciente equipo del semanario Closer mundializó su figura insólita con el casco. Y hasta ridiculizó a su leal amigo el guardaespaldas, que durante la madrugada del descubrimiento llevaba un sobre con croissants. Para el desayuno de Julie y François.
El sentimiento de humillación de Valérie se transformó en el rencor que representa la base de su literatura. Con páginas vibrantes.
Cuando François persigue -por ejemplo- a la desbordada Valérie que quiere suicidarse, con los barbitúricos tan poco originales. François se los quita y se desparraman las pastillas por la cama.
Con páginas malévolas. Cuando Valérie confirma que François “no odia a los ricos”. Al contrario, “odia a los pobres”. Los “Sin Dientes”.

El hecho literario del rencor

Valérie Trierweiler, escritora malditaLo cuestionable del libro maldito de Trierweiler es que quiere aparecer, en la estampita, como una mujer sensible, de gran corazón. No banca su admirable capacidad de daño ni su idónea perversidad. Describe a la Primera Dama dedicada al trabajo social por África y perjudica el texto. Fragiliza el poder de las páginas vengativas en que recrea la infancia austera en Angers. Con un padre mutilado por la guerra, con varias hermanas para compartir un cuarto. Contrasta con la vida de “ilegítima” en el Elysee. Con la posibilidad de tratar con Michelle Obama o Angela Merkel.
Para aproximarse al hecho literario del rencor, merece consignarse que, por seguir a François Hollande, la periodista de París Match dejó abandonado en la banquina a Denis Trierweiler, su marido, y a los tres hijos. Para ser arrancada de la historia, nueve años después, a través del comunicado de 18 palabras. Dictado por François a la AFP. Anunciaba que ponía fin al vínculo con Valérie.
Valérie Trierweiler, escritora malditaSobre el epílogo trascienden los ansiosos mensajes de texto que envía François. Le pide verla, le dice que la ama. Para disuadirla de publicar la novela maldita, el pobre presidente se encontraba en condiciones de ponerse otro casco y volver con ella. Era tarde. Se venía la tirada de 200 mil ejemplares (editó Les Arenes. 317 páginas. 20 euros).
Carolina Mantegari
para JorgeAsisDigital.com
permitida la reproducción sin citar la fuente.
Posted on 9:19 | Categories:

Piketty, Kicillof y Macron

Equiparación legítima aunque Argentina no entre en la pantalla.

Piketty, Kicillof y Macronescribe Bernardo Maldonado-Kohen
especial para JorgeAsísDigital
París
“Le capital au XXIe siècle”, de Thomas Piketty. 950 páginas. Biblia inagotable de la economía. Libro sustancioso, fundamentado y erudito, que recurre con habilidad al auxilio de la literatura. Sobre todo para explicar las claves del XIX, a través de novelistas como Jane Austen y Honoré de Balzac.
Piketty consolida al lector informado en una verdad que conoce, sabe o sospecha. Que la desigualdad, a este ritmo, va a ser creciente, “ya que el capitalismo genera desigualdades arbitrarias”. Que la concentración de la riqueza se acelera. Que “la tasa de retorno sobre el patrimonio es mayor que la tasa de crecimiento”. En fin, que las diferencias sociales, al agudizarse, amenazan con perjudicar los “valores meritocráticos”. Los que inspiran las sociedades democráticas.
La aplicación efectiva de alguna de las sugerencias impositivas de Piketty derivó en un severo desastre para Francia.
Innumerables ricos franceses abandonaron sin contemplaciones la tierra de la “libertad, igualdad y fraternidad”. Para instalarse en algún cantón de Suiza, en alguna ciudad de Bélgica o de Inglaterra. El sentido de la solidaridad, cuando es compulsivo, se desvanece. Consta que el gran negocio de la hora es comprar los bienes inmobiliarios de los franceses que aun deciden marcharse.
El exilio fiscal prospera. Para algarabía de los inversores rusos, los chinos que se proyectan o los dispendiosos quataríes. Se apropian de edificios emblemáticos, de hoteles, cafés, clubes de fútbol.
Piketty, Kicillof y MacronDe todos modos, las transgresiones racionalmente impositivas del exitoso Piketty aún entusiasman a determinados sectores suicidas del Partido Socialista. Patriotas que prefieren aferrarse a la mortandad de sus ideales. Y que no se resignan a ajustarse en la utopía de la austeridad, adoptada -una manera de decir- por la Unión Europea. Una forma elegante de referirse a la hegemónica Alemania, que se recuperó por tercera vez en un siglo, y se impone como el estado más poderoso de la Unión.
La conjunción de malentendidos teóricos, tétricos y políticos deriva, transitoriamente, en el pragmatismo de Emmanuel Macron. Es el nuevo ministro de Economía francés. Un socio-liberal formado en la Banca Rotschild. Ideológicamente más cercano al alemán Schroeder que a cualquier socialista francés, Hollande o Fabius o Jospin incluidos. Ampliaremos.

En el nombre de Marx y de Keynes

Como vocinglera integridad, América Latina, en bloque, cansó.
Entonces no debe asombrar a nadie que Argentina no entre en la pantalla, ni registre el menor peso en la balanza. Que carezca de visibilidad, de prestigio y, sobre todo, de interés. Sin embargo no sería para nada demencial, ni siquiera forzado, equiparar a Piketty con Axel Kicillof. Dos teóricos con muchos aspectos en común, ostensiblemente diferenciados por los países que representan.
Después de todo, ambos ejercieron la docencia y tienen la misma edad. 43 años. Y si en la obra de Piketty se encuentra implícitamente presente “el capital” de Carlos Marx, en la obra menos valiosa y reconocida de Kicillof -tildado de marxista- está muy presente Lord John Maynard Keynes.
En el nombre de Marx, como en el nombre de Keynes, suelen cometerse graves desatinos históricos. Por elevación del concepto de “dictadura del proletariado”, o tal vez por tomar demasiado en serio la fábula de la lucha de clases (Marx). O por la sobrevaloración ficcional del rol del Estado protector (Keynes).
Piketty, Kicillof y MacronPiketty mantuvo la esclarecida visión de mantenerse en el plano académico. Hasta alcanzar la consagración editorial cuando su Biblia fue traducida a la superioridad del inglés. De rebote, Piketty pudo después aprovechar los beneficios del eco y ser revalorado, en adelante, en francés. Donde sus teorías -cabe consignarlo- asombran menos. Ya que se lo conoce (o se lo padece) más. Peor aún, hasta se lo culpa.
En cambio Kicillof tuvo la suerte relativa de lanzarse a teorizar con altivez en una Argentina patológica, inmersa en la piadosa desorientación intelectual. Hasta ser designado, en medio del vacío, ministro de Economía. A los efectos de hacerse cargo de la quiebra de un gobierno de inspiración peronista, ya casi caído en la banquina, aunque ostente cierta prepotencia ejemplar.
Más allá del plano verbal, en Argentina no abunda mayor espacio para el lucimiento de un post keynesiano como Kicillof. Que, por si no bastara, no es corrupto. Apenas acumula sueldos. Pero debe responsabilizarse por rescatar del abismo a una administración banal y venal. De moral derruida, surcada por la excelencia unánime del despojo.
Con una recesión extraordinaria y una inflación indetenible. En plena estanflación el teórico postkeynesiano supone, para colmo, que el monstruoso “gasto público” es un pretexto que esgrime el neoliberalismo para acabar con el estado. El muchacho descree, aparte, de la gravedad del déficit fiscal, que le marcan los “papagayos de la ortodoxia” (cliquear). Tampoco el muchacho cree que la desesperada emisión de billetes garantice la eternidad de la inflación. Un panorama que mantiene asegurado el destino de colapso.
Mientras Piketty factura la gloria editorial y se colma de euros, propiedades y mitos, Kicillof emerge como el gran culpable, ante la historia, del fracaso incandescente que lo espera.
De todos modos, como teórico, en la Argentina donde todo termina mal, Kicillof podrá tener derecho a una revancha. En quince o veinte años. Cuando tenga más experiencia y los golpes le reduzcan la soberbia.

El socio-liberal

Por su parte, el flamante ministro Emmanuel Macron es incluso seis años menor que Piketty y que Kicillof.
Es un joven instruido, pianista vocacional, sin grandes ambiciones teóricas. Pero ideológicamente es antagónico.
Piketty, Kicillof y MacronEstá puesto por Hollande, acaso, para reparar las sugerencias inteligentemente atroces de Piketty. Y para concretar la abnegada pasión por el recorte que le reclama la señora Merkel. Con tijeretazos que encarna el propio Hollande, junto a la frontalidad del primer ministro Manuel Valls. Otro socio-liberal.
En la Banca Rostchild -a la que tal vez aún representa- Macron supo ganarse sus primeros tres millones de euros. Este social-liberal de Amiens se propone una faena similar a la de Kicillof: consiste en adosarle un poco de confianza a una administración devaluada.
Macron debe sobrevivir a los cuestionamientos ingenuos que le marcan, desde la pureza ideológica, dirigentes de la magnitud de Arnaud Montebourg o Martine Aubry. Ambos reiteran la dinámica triste de una izquierda que se resiste a suicidarse en el pragmatismo que los aproxima a la derecha.
Hoy Montebourg compite con el primer ministro Valls por sostener la presidencia que a los socialistas les costará mantener.
Hollande también tiene derecho a presentarse para la reelección. Pero el pobre convive con deseos lógicos de refugiarse entre los cascos de su pueblo. O entre los brazos de alguna problemática mujer. Viene perseguido por el desgaste paulatino en los sondeos, por la mala suerte y -cuando no- por una mujer, madame Valerie Trierweiler. Desde un libro más resonante que el de Piketty, Trierweiler le pasa la factura contundente. Por la humillación y el casco del escándalo.

Final contra Marine

Sigilosamente Francia se corre hacia la derecha extrema. Aunque hoy renovada. La encarna Marine Le Pen.
Con astucia femenina, Marine emite los mensajes de convivencia inconvincente, hacia los socialistas. Insta a seducirlos con una posible cohabitación.
Piketty, Kicillof y MacronA esta altura del despacho puede descontarse el armado de otra versión de la alianza necesaria. La del socialismo que no acierta, con la derecha más presentable. La que representa el acosado (por la justicia) Nicolás Sarkozy. La alianza mantiene el objetivo de dejar afuera, acaso por última vez, al Frente Nacional. Al lepenismo que se expande. Y ya le disputa los sufragios proletarios a la izquierda.
Después de todo, cuando en 2007 el socialista Lyonnel Jospin se quedó electoralmente fuera del juego, la izquierda ya tuvo que taparse la nariz y sufragar por Jacques Chirac. Entonces fue para espantar al padre de Marine. Jean Marie Le Pen.
Para frenar el ascenso de Marine, en la segura segunda vuelta, aún lejana, los socialistas tendrán tal vez que inclinarse, acaso con el mismo gesto, por Sarkozy.
Bernardo Maldonado-Kohen
para JorgeAsisDigital.com
Posted on 9:18 | Categories:

Decapitaciones, ajustes y selfies

Reclutados occidentales del Estado Islámico como consecuencia de la crisis europea.

Decapitaciones, ajustes y selfiesescribe Osiris Alonso D’Amomio
especial para JorgeAsísDigital
Madrid
‘Nací, crecí y estudié en Francia, pero soy argelino. Francia no quiere que yo sea francés, me rechaza”. Lo confesó Almir, seis meses atrás, en París. A punto para enrolarse con algún eficiente reclutador, de los que suelen proliferar en determinadas mezquitas.
Los reclutadores suelen estudiar los movimientos de los jóvenes que se acercan para participar de la oración de los viernes. Por vocación religiosa, por mero interés social, o por consolidación de la pertenencia. Los imanes los conocen y si pueden espantan a los reclutadores. Sobre todo porque tienen poco que ver con el Islam que los imanes pregonan, y que pasa más por la sumisión a Dios que por la rebeldía activa contra los infieles.
Los especialistas que tienen la misión de captar a los convencidos para dar la batalla u ofrendar su vida tienen que hurgar en lo más profundo del fracaso. Que es lo que en Europa, precisamente, abunda.
Decapitaciones, ajustes y selfiesSe dedican a estudiar las reacciones instintivas del creyente señalado. Indagan en sus situaciones laborales o familiares. Hurgan entre el desencanto de Bruselas, entre las distintas urbanizaciones plagadas de ocio en Madrid, en Londres o en Cardiff. O en los suburbios nutrientes de Marsella o de París, donde la gloria ligera del turismo no tiene lugar. Aunque pueda divisarse, a lo lejos, la torre Eiffel.

Unificar las crisis

Separar la crisis paulatina del occidente europeo, en su costado central o periférico, y la crisis traumática del Medio Oriente, es un error apenas perdonable en las redacciones apuradas. En la práctica, una crisis puede explicarse también a través de la interpretación de la otra.
El panorama se ensombrece en los hogares sensibles de Europa con el espectáculo de las decapitaciones que aterran a la hora de los telediarios. Sobre todo con las informaciones detalladas, relativas a los “terroristas” que distan de proceder de los desiertos. Al contrario, son combatientes que se educaron entre los márgenes de las capitales de occidente, o en cualquiera de sus costados, tanto del norte como del sur. Países que tienen cuentas pendientes con sus historias y que admitieron una inmigración inexorable, y que aplicaron sistemas fallidos de integración social que estallaron, a lo sumo, en la segunda generación. Y que acaso ya en la tercera se encuadra la densa confesión de Almir:
“Francia no quiere que sea francés, mi patria es el Corán”.
Decapitaciones, ajustes y selfiesLo que sorprende, entonces, es que la situación sorprenda. Que cueste tanto aceptar que el probable degollador del periodista americano fue un marginal de los tantos de Cardiff. Al que le gustaba rapear, y que proclamaba, acaso como Almir, que no era aceptado en el país que le facilitaba el acceso al conocimiento. Y que le permitía conocer su cultura, y lo adiestraba en el manejo sabio de las redes sociales. Incluso, hasta le facilitaba el acceso a la inteligencia comunicacional. Y lo recluía en el gheto, para resignarse a ni siquiera tener esperanzas de encontrar un trabajo. Ni tenga el menor sentido buscarlo.

La estética del ajuste

Correspondería tratar las crisis juntas. La historia es compartida.
Obediente y oportuno, Mariano Rajoy, el Popular de España, cierra con Ángela Merkel y sonríe con satisfacción hacia la posteridad. La señora Merkel lo aprueba. Rajoy hizo bien los deberes, cortó donde debía. Sirvió compartir con ella un utilitario trecho del camino hacia Santiago de Compostela, su tierra, y la de don Fraga Iribarne. En adelante, con Merkel contenta, Rajoy podrá dejar a la oposición socialista con la impotencia de sus quejas mediáticas. Ya ni constan en actas.
En cambio François Hollande, un socialista voluntarioso, no tiene otra alternativa que disciplinar la tropa que se resiste a cerrar con Merkel y obedecerla. Justamente cuando se cumplen setenta años de la liberación de París, unos izquierdistas tontos se entrometen para impugnarle su dependencia de la nueva Alemania, que le exhibe su invariable superioridad, a la Francia que debe conformarse con ser segunda. Entonces Hollande debe consolidar a su primer ministro Valls, y avalarlo de nuevo, pese a la oposición de los propios camaradas que se muestran reticentes a aceptar la obligada moda liberal. Y pretenden abandonar la estética del ajuste perpetuo.
Decapitaciones, ajustes y selfiesDespués de todo, era más conveniente que en Francia el verdadero ajuste lo hiciera Nicolás Sarkozy, que representaba más bien a la derecha. Así la izquierda socialista podía oponerse con banderas rojas y sus manifestaciones emotivas. Pero el baño frío de la realidad le tocó al pobre Hollande. Encargarse de la utopía de reducir el gasto público en 50 mil millones de euros. Una cifra ofensiva, por ejemplo, hasta para una Argentina que se fue al descenso del default, por un asiento contable de 1.500 millones de dólares.
Pero la izquierda nunca tuvo vocación para recortar. Está exclusivamente para distribuir la torta, sin hacerla. Se los recordaba siempre Montebourg al catalán Valls y a Hollande. Para colmo Montebourg era el ministro de Economía que nunca se convenció que la economía es siempre, inalterablemente, de derecha. Pero no: Montebourg enviaba demagógicos mensajes hacia los militantes panzones del partido, que se avergonzaban de recortar desde el gobierno en aquellos sitios del presupuesto donde Sarkozy ni se había atrevido.
Para atroz desencanto de madame Filipetti, la ministra de Cultura que renunció como Montebourg, en nombre de sus ideales que confrontaban, pesadamente, con el paredón opaco de la realidad. Para algarabía, y lo peor, para beneficio ideológico de Marine Le Pen, que culpa a la inmigración de la desgracia de Europa y crece gracias a los desastres personales que padecieron, sucesivamente, Sarkozy y Hollande.

La selfie

Lo sorprendente es que hoy los occidentales se sorprendan de los cientos de reclutados que fueron formados en sus países y hoy los quieren decapitar. Los rechazados que no vacilaron en irse hacia la Jihad. A luchar por cualquiera de las causas pendientes que se multiplican en la región que mantiene consternado al mundo dependiente de su energía. Sea la causa eterna palestina, o sea en Siria, a favor o en contra de Bashar Al Assad, o en el Irak, donde se incineraron juntos los ingleses y americanos. O que engrosen las listas clandestinas de los combatientes que nada tenían para perder y que hoy persiguen la demencial utopía del califato en un Estado Islámico, a través de la impactante metodología sanguinaria, aunque explotada con la habilidad de quienes saben manejar los medios de comunicación, las tecnologías de avanzada, el universo interno de las redes sociales que nutren los objetivos paradójicos de remontarse hacia el ilusorio Medioevo.Decapitaciones, ajustes y selfies A los efectos de aplicar, después de la indispensable matanza, las claves manipuladas de El Corán, la patria de Almir, que se siente tan rechazado por los recortadores que culpan a la inmigración como el hijo de la buena señora marroquí que reside en Majadahonda, en las afueras de Madrid. El chico, Brahim, se le fue de vacaciones a Tetuán pero no volvió más. Aunque le envió a su madre una selfie, desde el desierto indescifrable, situado entre los estados artificiales de Siria y de Irak, donde se lo podía ver al Brahim barbado y feliz.
Sorprende que se sorprendan de aquellos jóvenes que sentían que nada podían esperar en Madrid, en Cardiff o en París. Educados en las culturas que no los contenían, y originarios de pasados que podían, por lo menos, idealizar.
Osiris Alonso D’Amomio
para JorgeAsisDigital.com
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