lunes, 6 de mayo de 2013

TRAFICANTES DE FUTURO

La devastación moral del cristinismo desgasta la política.
Preparativos para la sucesión de radicales, macricaputistas y peronistas de la resistencia.



sobre Informe de Consultora Oximoron
Redacción Final Carolina Mantegari
Especial para JorgeAsísDigital 





            introducción                         
       Hacia las alternativas de sucesión

         La debacle moral del oficialismo arrastra en su totalidad a la actividad política. 
         El cristinismo se cuece precipitadamente en la salsa del Sistema Recaudatorio de Acumulación (que el Portal describe desde hace ocho años).
         Entonces Oximoron considera prioritario atender las alternativas de sucesión. Aunque sean módicas. O a veces cómplices.
         Una alternativa atraviesa la principal fuerza de oposición. La Unión Cívica Radical. Aquí fue anticipada en “Sanz, Cobos y la chapa de opositor”.
         Trátase de la prematura candidatura presidencial de Ernesto Sanz, que supo entusiasmar inútilmente a determinados empresarios. Hasta la decepción.
         Sin embargo alrededor del senador Sanz, otra vez, se pone en movimiento el esqueleto en retroceso del radicalismo. Para aportarle fibra. Para dejar al costado a Ricardo Alfonsín, el que precisamente madrugó a Sanz en 2011, y hoy siente postergado su lícito deseo de revancha.
         Sólo resta aguardar la probable victoria de Cleto Cobos, a los efectos de agitar la monotonía del partido centenario, en la lucha interna.
         Entre dos mendocinos.
         La otra alternativa que se prepara – y que Oximoron estudia- alude al peronismo de la resistencia. O disidente. Que debe superar la tristeza de aquel Peronismo Federal.
         La Banda de los Cuatro (que ya son cinco, con la dama) coloca en la mesa algo más que una fotografía.
                                       
                                        Osiris Alonso D Amomio
                                        Director- Consultora Oximoron

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         Con una cautivante sucesión de lugares comunes, de voluntarismos dulces y expresiones de ética conmovedora, La Banda de los Cuatro se presenta socialmente con el complemento de una dama.
         Es la señora Claudia Rucci. Aporta la simbología explícita. Rucci impugna, con el peso de su atractiva presencia, la vigencia del neomontonerismo oral. La Revolución Imaginaria que sirve de manto al objetivo exclusivamente recaudador.
         Los cuatro, más la dama, se “encuentran listos para avanzar hacia el futuro”. Consta en el texto meloso de la solicitada que emerge como pretexto.
         De todos modos, que las cuatro trayectorias se hayan juntado es, de por sí, significativo.

         Hugo Moyano, El Charol. Es el mismo dirigente sindical que le cuidó la calle al kirchner-cristinismo. Y le aportó la tentación del proletariado, durante ocho años. Mientras Néstor Kirchner, El Furia, se lanzaba a la aventura de la acumulación de poder, que era, en su estética, el dinero. Muchísimo dinero.
         Como buen astuto, Moyano tampoco podía ignorarlo.

         El Charol aporta a La Banda de los Cuatro (que son cinco) el sustancial encanto de la negritud. Lo suma a la prepotencia del proletariado en movimiento. Factores indispensables para el completar cualquier mesa de construcción popular. 
          Aparte, Moyano se destaca, junto con Gerónimo Venegas y Luis Barrionuevo, como la máxima garantía de fiscalización electoral.
          Para una elección donde es infinitamente más decisivo contar los votos, que juntarlos.

         Roberto Lavagna, La Esfinge, es quien sentó con prolijidad las bases del “modelo”. E inició el crecimiento de una Argentina que estaba regalada. En el descenso. Más abajo estaba simplemente el precipicio. O el infierno. Ascenso que inició Lavagna con Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas), pero derivó en la patología oral del kirchnerismo, que desperdició el momento histórico irrepetible.
          Tampoco Lavagna podía desconocer –como Moyano- el latrocinio que se estructuraba desde Planificación. Con los colosales pozos negros que tenían que ver con el tramo de la vivienda, que regenteaba El Neolopecito, de la energía, que remite a la catástrofe anunciada de Enarsa, o a la orgía subsidiada del transporte, las obras viales que se manejaban desde la cortada Carabelas. Y otras pústulas aún no tratadas de “la gestión”.
           “Desastres seriales del gobierno trivial”, que lo mantuvo a Lavagna, como ministro de Economía, durante el primer tramo. “Desastres” perfectamente podían pasar inadvertidos para el pueblo por “la complacencia cómplice de los grandes medios de comunicación”. Que con su silencio acompañaban.

         Francisco de Narváez, El Caudillo Popular, es el indemne supermercadista de La Banda. Se destapó con el triunfo impactante sobre Kirchner, en 2009.

         Por último, José Manuel De la Sota, El Cordobés Profesional, retomó la conducción de una de las provincias más importantes.

         Reducir el encuentro a una mera fotografía, sin atribuirle la gravitación política, es algo más que un acto de mezquindad. Es un error.  

         Sobrevaloración y naufragios      
 
           Lavagna, La Esfinge, es el más veterano de los cinco firmantes de la carta de intención. 
          Procede de dos naufragios y de una sobrevaloración.
          Primero naufragó, en 2007, cuando confirmó su condición de “peronista ideal para los radicales”. (Llamativamente emerge hoy como el peronista ideal del macricaputismo).
          Después La Esfinge naufragó en aquel deplorable paseo por los jardines de Olivos. Con El Furia. Fue quien lo introdujo, de la mano, en la trampera de la portada de Clarín. Diario que, en el verano de 2008, no mentía. Aún le respondía, con lealtad comercial, a Kirchner, al que llamaban El Presi. Gracias, sobre todo, a la penetración intelectual de Alberto Fernández, El Poeta Impopular.
          Con su sagacidad proverbial, El Poeta inducía los títulos a “El Colorado”. Cuando solía privilegiar a Magnetto, con las primicias.

           La sobrevaloración, en cambio, a La Esfinge le cayó del cielo. Superó los naufragios. Merced, ahora, a la desertificación de dirigentes que se registra en PRO, expresión institucional del macricaputismo.
           Es la fuerza futurista que mantiene, como máximo cuadro, a Mauricio Macri, El Niño Cincuentón.


         “Estamos”

           
            Hoy Macri es el protagonista fundamental del engendro literario todavía irreconocido, que debería ser la sensación de la feria del Libro.
           Texto que debería ser leído obligatoriamente por la población entera. Para cerciorarse de la superioridad moral del PRO.
            Trátase del libro colectivo “Estamos”, que fue preparado por la deliciosa inspiración de Marcos Peña, otro valiente que también “avanza hacia el futuro”. Junto al filósofo Alejandro Rozitchner. Ampliaremos.

             Al cierre del despacho tal vez se anuncie el acuerdo de Lavagna con el macricaputismo. 
            Para que cierre Lavagna como primer senador de Macri, pero en representación de “Fe”.
            Es –Fe- el partido que Gerónimo Venegas construye para sí mismo. A los efectos de mostrarle al país que el Momo es también un estadista atribulado.
            En condiciones de imaginarse –Venegas- entre los presidenciables de 2015. Como De la Sota, Scioli, Moyano, Macri, Binner, Massa, Cobos y Sanz.

            Si aún no se anunció la fórmula Lavagna-Michetti, de ningún modo es por los obstáculos que presenta el empeño de “avanzar hacia el futuro”.
            Ocurre que La Esfinge, según nuestras fuentes, pretende poner dos diputados nacionales. Y tres concejales, entre los primeros quince. De los apodados “legisladores de la ciudad”.
            Por su parte El Niño Cincuentón, aunque se reunió últimamente con tres exponentes de La Banda de Los Cuatro, se quedó afuera de la fotografía inaugural de Córdoba.
             Para algarabía del Cuarto. Francisco de Narváez, El Caudillo Popular. Por los prejuicios fundamentados que se trataron en “Tragicomedia de Mauricio y Francisco”
.  

          Factor Massa
              

  En tanto Sergio Massa, La Rata del Tigre, siga entre las vueltas de la rotonda, y no decida qué hacer de su vida inmediata, Narváez disfruta de la centralidad. En Buenos Aires, la provincia inviable. 
  El Caudillo Popular está catalogado como un cuarto-columnista de Daniel Scioli, el Líder de La línea Aire y Sol. 
  El Gobernador comienza a sentirse cercado. Sabe que ya es inútilmente tarde para saltar. Y que quedarse en su sitio puede equivaler a un suicidio.
            A Aire y Sol comienza a asediarlo el fantasma de Carlos Ruckauf.
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            Mientras tanto Narváez, El Sciolista Implícito, necesita que Macri resigne los prejuicios ampliamente tratados en la Tragicomedia, y se incorpore, con rapidez, para reeditar la fuerza que en 2009 barrió a Néstor Kirchner (y a Scioli, aunque no se lo registra, por su “eterno misterio de la presencia ausente”, diría el poeta Francisco Luis Bernárdez).
            Pero aquí se congela el panorama. Porque El Niño Cincuentón también espera.
            Como el último columnista de provincias, Macri también quiere saber qué demonios es lo que va a hacer Massa.
             El factor Massa, al que los Cuatro y La Dama también quisieran sumar. Aunque todos juntos representen, para Massa, “El Pasado” (título de la mejor novela de Alan Pauls).
            Y Massa es, acaso más que todos los otros, un traficante de futuro de primer nivel.

          
            Uno o dos

           El último protagonista del acuerdo, De la Sota, El Cordobés Profesional, amenaza con convertirse en el principal beneficiario de la movida. Para ser, probablemente, el próximo uno.
             A los efectos de negociar, llegado el caso, para ser el dos. No estaría nada mal para cerrar, de últimas. 
            Sobre todo si se cumple el proyecto de Narváez, el traficante de futuro que despierta tanta desconfianza en Macri, que cree tener el futuro en la mano.
             Que Narváez, con sus deslizamientos de serpiente, intente transformar a De la Sota en el segundo de Daniel Scioli.
             Aunque el líder de La Línea Aire y Sol no se decida por el salto. Y pretenda mantenerse –con fe y esperanza- en pie, siempre para adelante. Mientras asiste, petrificado, a la devastación moral del cristinismo. El oficialismo que Scioli -aunque lo desprecien- integra.        
                                                 
                                                 Carolina Mantegari                                              
                                                Redacción Final-Consultora Oximoron
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